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    <title>libroportatil</title>
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    <description>Libro Portatil es un blog sobre libros, literatura, negocios. Escrito por un especialista en plataformas y contenido digital este blog tiene ensayos sobre cultura pop, negocios y literatura</description>
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      <title>libroportatil</title>
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      <title>¿Cuál pinche nosotros?</title>
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      <content:encoded>&lt;h2&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;i&gt;&#xD;
      
           “Tendríamos que lograr que la cosa trabaje para nosotros”. “Es necesario considerar que el beneficio debería ser para nosotros”. “Esta es una herramienta que nos facilitará la vida”. “Esta es la solución tecnológica que nos hará mejores”. “Si seguimos este camino nos hará mejores”.
          &#xD;
    &lt;/i&gt;&#xD;
    
           
         &#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
&lt;/h2&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Peoples.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
          La implícita presencia del nosotros en todas estas frases hace que la conversación del progreso se convierta en un debate público, imaginario, pero público. ¿Por qué imaginario? Bueno por principio nada es más difícil de determinar como el “nosotros” en la actualidad. En un clima sociopolítico donde la otredad es la piedra fundamental de la mayor parte de las políticas públicas y donde los nacionalismos, clasismos, racismos y estupidismos se asientan y toman forma como un miembro adicional del cuerpo humano, es casi imposible determinar la ubicación del nosotros ya no en la conversación sino tampoco en la simulación que acompaña la idea primigenia de la determinación del individuo como parte de una sociedad. 
         &#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           Si no estamos dispuestos a compartir las calles, ¿estamos realmente dispuestos a compartir el progreso?  El clima actual nos tiene sujetos a consideraciones primitivas como la nacionalidad o el fenómeno de la migración y nos aleja de la fraternidad o idea de humanidad como un contorno (y contexto) de interés público e individual. Si bien la idea de humanidad nos persigue desde periodos más clásicos nos elude cada vez de forma más ágil mientras “democratizamos” la cultura y la tecnologia. Nunca hemos tenido al alcance de nuestros ojos, oídos y manos tanta información, tantas herramientas, tantas posibilidades y desde la idea progresista de que la movilidad social es posible más allá de la implementación de la ceguera social como metodología, deberíamos estar construyendo un nosotros con mucha más certeza de la que hemos venido construyendo este enorme “ellos”. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           ¿Cuál nosotros? Es importante hacernos esta pregunta en este difícil momento donde desde el 1% que ostenta la riqueza, pasando por el 30% que sostiene la idea de clase media y culminando en el restante 69% que vive por debajo de la línea del bienestar (para ayudarnos en este texto vamos a determinar el bienestar como el acceso a viviendo, educación y alimentación dignas) hemos perpetrado un paradigma absoluto de equidistancias sociales. Un paradigma donde resulta irrisorio escuchar que tal o cual cosa es lo mejor para nosotros porque ese nosotros perfectamente podría ser tu tío el derechista que manosea a la meseras y sobrinas en las fiestas infantiles, o tu tía progresista que no se habla con nadie en la cena de navidad porque siempre hay un animal, un partido político o un chiste que se vuelve infranqueable, o alguno de los 4 hombres blancos más ricos del mundo que hicieron su dinero manipulando las masas repitiendo hasta el hartazgo que “el algoritmo está hecho para nosotros”. Si pones atención donde mires hay un adversario, ideológico, político, ético, moral, futbolístico, racial y ahora hasta identitario. Este adversario no es parte de nosotros porque siempre es parte de ellos. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           Por esta razón cuando hablamos de IA (inteligencia artificial) en este 2026 vemos que ésta se desarrolla higienicamente en los entornos de la creatividad y el desarrollo personal así como las profesiones  sociales y humanas. ¿Por qué estamos empeñados en que la IA haga películas de Ghibli y escriba copys para publicidad? ¿Qué beneficio hay en que la IA pueda escribir novelas eróticas juveniles o hacer deep fakes para memes? ¿Cuál es el nosotros que se beneficia con la extinción paulatina de este tipo de actividades humanas? Porque en definitiva no somos nosotros, como especie, los que vemos beneficios en evitar que las personalidades y los individualismos se sigan desarrollando en entornos públicos laborales (guiño, guiño), porque les garantizo que no somos los Boomers/XGen los que estamos sacrificando nuestras personalidades al servicio de las IAs Generativas o conversacionales. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           Lo que es cierto es que tenemos un problema con las generaciones que vinieron después de nosotros, desde aquellos que quieren imitarnos hasta aquellos que nos rechazan abiertamente y, de manera más acertada que equivocada, nos culpan de crear ambientes y culturas tóxicas donde “sobrevive el más fuerte” a costa de como siempre de los más débiles. Eso hace que nuestro nosotros por principio aspire a ser parte del nosotros del 1% pero siempre y cuando nos mantenga a salvo del 69% y siendo honestos, de una parte del 30% también. Segmentar, compartimentar, fraccionar y dividir son los principios sociales, laborales y financieros que aplicamos todos los días. ¿De qué manga nos sacamos la idea de que por ser tecnología  el comportamiento humano es diferente? 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Si la IA fuera en beneficio de nosotros estaría dedicada a terminar con la desigualdad social, empeñada en acabar con todas las labores manuales y mecánicas, estaría liberando el código de todos los softwares del mundo, la IA estaría intentando descifrar las patentes de los medicamentos más esenciales y sirviendo como consultores para instalar laboratorios clandestinos de vacunas y retrovirales, si la IA estuviera enfocada en nosotros no estaría constantemente empujando a la humanidad lejos de sus habilidades sociales, creativas, humanas y se haría cargo de hacer los impuestos de todos gratis. Pero nada mas lejos de la realidad, en este momento la IA está al servicio de pequeñísimos grupos sociales que buscan su beneficio propio. Los patrones ven trabajadores dóciles en la IA, los trabajadores ven sustitutos dóciles en la IA pero el resto, el otro 69% no ve nada en la IA, como no ha visto nada en el internet o en la televisión digital o en las televisiones de 4K. Porque la mayor parte del nosotros no forma parte del nosotros de la tecnocracia, ni de la democracia ni de ninguna forma humana de organización. Siendo honestos una buena parte del 30% tampoco pero quizá la habilidad más importante de la clase media sea la capacidad para mimetizarse a conveniencia.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
           También quizá fingir  sea la única forma en que podemos escribir de tecnología en el 2026 y seguir diciendo que es bueno o malo para nosotros. Sin importar que a veces ese nosotros sean 8 idiotas en un piso en Singapur o 3 calvos en una suite en Nueva York o cualquier variante que se nos ocurra siempre y cuando seamos de preferencia blancos, vatos y nunca pobres.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          ******************
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;i&gt;&#xD;
      
           “We would have to make the thing work for us.” “It is necessary to consider that the benefit should be for us.” “This is a tool that will make our lives easier.” “This is the technological solution that will make us better.” “If we follow this path it will make us better.”
          &#xD;
    &lt;/i&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          The implicit presence of the “us” in all these phrases turns the conversation about progress into a public debate, imaginary, but public. Why imaginary? Well, to begin with, nothing is more difficult to determine than the “us” in the present day. In a sociopolitical climate where otherness is the cornerstone of most public policies and where nationalisms, classisms, racisms and stupidisms settle in and take shape like an additional limb of the human body, it is almost impossible to determine the location of the “us,” not only in the conversation but even in the simulation that accompanies the original idea of determining the individual as part of a society.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          If we are not willing to share the streets, are we really willing to share progress? The current climate keeps us tied to primitive considerations such as nationality or the phenomenon of migration and distances us from fraternity or the idea of humanity as a contour (and context) of public and individual interest. Although the idea of humanity has pursued us since more classical periods, it eludes us with increasing agility while we “democratize” culture and technology. Never before have we had within reach of our eyes, ears and hands so much information, so many tools, so many possibilities, and from the progressive idea that social mobility is possible beyond implementing social blindness as a methodology, we should be building an “us” with far greater certainty than the enormous “them” we have been constructing.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Which “us”? It is important to ask ourselves this question at this difficult moment where, from the 1% that holds the wealth, through the 30% that sustains the idea of a middle class, and culminating in the remaining 69% that lives below the line of well-being (for the sake of this text we will define well-being as access to decent housing, education and food), we have perpetrated an absolute paradigm of social equidistances. A paradigm where it is laughable to hear that this or that thing is best for “us,” because that “us” could very well be your right-wing uncle who gropes waitresses and nieces at children’s parties, or your progressive aunt who doesn’t speak to anyone at Christmas dinner because there is always an animal, a political party or a joke that becomes insurmountable, or one of the four richest white men in the world who made their money manipulating the masses by endlessly repeating that “the algorithm is made for us.” If you pay attention, wherever you look there is an adversary: ideological, political, ethical, moral, football-related, racial and now even identitarian. This adversary is not part of “us” because it is always part of “them.”
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          For this reason, when we talk about AI (artificial intelligence) in this 2026, we see it developing hygienically within the realms of creativity and personal development as well as social and human professions. Why are we so intent on having AI make Ghibli films and write advertising copy? What benefit is there in AI being able to write young adult erotic novels or create deep fakes for memes? Which “us” benefits from the gradual extinction of this type of human activity? Because it is definitely not “us,” as a species, who see benefits in preventing personalities and individualisms from continuing to develop in public work environments (wink, wink), because I guarantee you it is not the Boomers/Gen X who are sacrificing our personalities in the service of generative or conversational AIs.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          What is true is that we have a problem with the generations that came after us, from those who want to imitate us to those who openly reject us and, more accurately than not, blame us for creating toxic environments and cultures where “the strongest survive” at the expense, as always, of the weakest. That makes our “us,” by default, aspire to be part of the “us” of the 1%, but only as long as it keeps us safe from the 69% and, to be honest, from a portion of the 30% as well. Segmenting, compartmentalizing, fragmenting and dividing are the social, labor and financial principles we apply every day. From what sleeve did we pull the idea that, because it is technology, human behavior is any different?
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          If AI were for the benefit of “us,” it would be devoted to ending social inequality, determined to eliminate all manual and mechanical labor, it would be releasing the code of all the world’s software, AI would be trying to decipher the patents of the most essential medicines and serving as consultants to set up clandestine vaccine and antiretroviral laboratories; if AI were focused on “us,” it would not be constantly pushing humanity away from its social, creative and human skills and it would take care of doing everyone’s taxes for free. But nothing could be further from reality: at this moment AI is at the service of very small social groups seeking their own benefit. Employers see docile workers in AI, workers see docile substitutes in AI, but the rest, the other 69%, see nothing in AI, just as they have seen nothing in the internet or digital television or 4K televisions. Because most of “us” are not part of the “us” of technocracy, nor of democracy nor of any human form of organization. To be honest, a good portion of the 30% isn’t either, but perhaps the most important skill of the middle class is the ability to blend in when convenient.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Perhaps pretending is also the only way we can write about technology in 2026 and keep saying that it is good or bad for “us.” Regardless of whether that “us” is eight idiots in an apartment in Singapore or three bald men in a suite in New York or any variant we can come up with, as long as we are preferably white, dudes and never poor.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Thu, 26 Feb 2026 01:22:50 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Sobre la privacidad y otras naciones imaginarias</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/sobre-la-privacidad-y-otras-naciones-imaginarias</link>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         Las privacidad se ha convertido en un gran negocio, un poco bastante público por cierto.
        &#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Privacidad-Libro-Portatil.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        &lt;b&gt;&#xD;
          
             "Friends don't spy; true friendship is about privacy, too"
            &#xD;
        &lt;/b&gt;&#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        &lt;b&gt;&#xD;
          
             Stephen King
            &#xD;
        &lt;/b&gt;&#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Nunca olvidemos el terrible daño que nos hizo a todos la idea de la privacidad. Cuando tenía 12 años mi frontera era la puerta cerrada de mi habitación, sin secretos y tampoco en comunión con muchos crímenes, el sitio donde elegía batirme en duelo constante con mis padres era aquella puerta de tambor hueco de madera y perilla de latón con un botón percudido que al apretarse impedía el giro de dicha perilla y por lo tanto la puerta no se abría. Por otra parte para mis padres la idea de que su hijo de doce años tuviera privacidad era una reverenda estupidez. Mis padres no pensaban que yo no tenía derecho a la privacidad. Mis padres pensaban que yo no tenía privacidad. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En definitiva la idea de privacidad se ha ido manifestando cada vez más conforme los medios disponibles para compartir información se democratizan y, sobre todo, se hacen más y más potentes. La privacidad que defendía detrás de mi puerta era ante todo mi derecho a estar solo o bien, a no estar con mis padres o con otros adultos. Seguro había alguna revista o cosa prohibida o que debería haberme estado prohibida involucrada en estos actos genéricos de privacidad pero la realidad es que lo único que escondía era mi derecho a esconder las cosas que mejor me parecieran. No había realmente una relación directa entre esta privacidad de pre-adolescente y mi identidad o mis aficiones o mi derecho a reservarme. En 1992 en la Ciudad de México uno podía aspirar a toda la privacidad posible principalmente porque a nadie le interesaba lo que guardabas en tu mente. Seguro, había cientos de mecanismos diseñados para obtener cada vez más y más información, encuestas, viajes gratis, relaciones y audiencias y otros trucos intentaban diseñar de la manera más completa posible (con el tiempo uno supo que no era tanta) la idea de quiénes éramos, qué nos motivaba y qué podían vendernos con base en esa información. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En 1999 Gary Marshall dirige Runaway Bride repitiendo la exitosa fórmula de Pretty Woman donde Julia Roberts y Richard Gere hacen de interés romántico de la clase media global. El mismo año que las hermanas Wachowski presentaban Matrix tenemos esta comedia romántica donde un periodista citadino en sus cuarentas descubre que una chica rural en sus treinta se escapa de sus compromisos el mismo día de su boda. El periodista va y la entrevista y descubre que la chica, dependiendo el novio, le gustan los huevos de alguna manera distinta, revueltos, fritos, benedictos entre otros. En algún momento de su conversación y cuando el flirteo entre los dos aún está en esa etapa del antagonista, el periodista se burla del tema de los huevos y le pregunta si debería estarlo anotando con un tono sarcástico. En una de las escenas donde los personajes se confrontan es justo esta información la que el personaje de Gere utiliza para ejemplificar que el personaje de Roberts no puede decidirse porque no está lo suficientemente enamorada, en una escena de con aquel te gustaban así, con el otro así, ahora dices que te gustan más así, el personaje plantea por primera vez que el problema de todo lo que ocurre es, com siempre en 1999, la chica. Quizá el personaje de Julia Roberts debió poner más atención en la información que compartía, honestamente creo que no. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Cuando Matrix y Runaway Bride salieron al cine yo tenía 19 años. Posiblemente para ese momento ya había dado casi toda mi información gratis al señor internet y si para entonces no estaba hecho no pasaron más de 10 años antes de que hubiera cedido de manera voluntaria casi todo lo que hay que saber de mi y mucho más específico lo que NO hay que saber de mi al señor internet. Cuando me refiero de esta manera poco estricta a la WWW o la red de redes o a la infraestructura global de protocolos y servicios web interconectado llamado Internet lo hago con toda la astucia, cinismo y certeza de la que soy posible. Antes del Y2K el internet era un señor con gabardina, sombrero y gafas oscuras. No había Deep web o red oculta, la mayor parte del internet estaba en la oscuridad y vivía felizmente lejos de los reflectores, de los buscadores, indexadores, catalogadores y otros mecanismos de seguridad que se manifestarían después. El señor internet era turbio pero interesante, interesante y sobre todo era anónimo. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Mi vecina de 15 años, un escritor de pornografía de 40 años, un Contador en una fábrica de jabones y yo podíamos departir noche tras noche alrededor de un tema en común o un interés en común con nombres inventados, completamente elegidos al azar y en muchas ocasiones generados de manera automatizada por las aplicaciones o sitios web que usábamos. El nombre que decías tener no era tu nombre y eso ya empezaba a manifestarse como uno de los absurdos más grandes que acompañan al ser humano. Si nadie sabe quién soy, puedo ser lo que que yo quiera, empezando por alguno que nunca he sido realmente: yo. El señor internet coleccionaba secretos. Existía la ilusión durante los primeros años de la relación entre los adolescentes y el señor internet que todos corríamos un grave peligro por lo que compartíamos, la idea de privacidad, prudencia y discreción empezaron a convertirse en algo menos de modales y mucho más importante para la convivencia digital. En un mundo donde podíamos decir lo que fuera el riesgo más grande era que todos estábamos ansiosos por poder decir la verdad, por dejar el constante y pesado hábito de fingir una personalidad social para darle rienda suelta a nuestros intereses de gardenias, pulpos cósmicos y humanoides con cabeza y piel de lobo.  Existe una sensación de que el señor internet era un personaje raro, lúgubre y perverso cuando en realidad el señor internet solo consumía nuestras propias personalidades y se convertía en aquello que como colectivo humano soñamos ser.  Siempre hubo más interés en ser furro que en ser fraile, lo que pasa es que los frailes tenían mucho mejor marketing. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Cuando mi padre entendió lo que era una sala de chat en el 96 se preocupó muchísimo porque yo fuera a dar mi nombre o mi dirección a un extraño lascivo que viniera a hacerme un Michael Jackson. Hace un mes tuve que sentarlo y explicarle que le habían vaciado la cuenta de banco porque compartió su NIP en un mensaje de WhatsApp con alguien que no era su banco. La idea de la privacidad no tiene que ver con la protección de datos, tiene que ver con el entendimiento o falta del mismo, de la potencia que tienen las herramientas que usamos para compartir fotos de furros vestidos de frailes ahora que el señor internet ya no está ahí para protegernos con su manto de anonimato. Confundimos cubrir la mano que teclea el NIP de la tarjeta en una terminal punto de venta en el bar con no poder identificar una estafa cuando todo lo que tenemos para identificar al interlocutor son unas letras y una pantalla. 
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Durante aproximadamente 15 o 20 años, posiblemente entre los 90s y los 2000s el señor internet era como el viejo oeste. Aquí quiero ser claro y transparente: bajo ninguna circunstancia pienso que el internet de los 90s era una película de John Wayne. No, creo que el señor internet era una visión tipo Westworld donde había sombreros blancos, sombreros negros, NPCs y miles de tramas corriendo por todas partes sin importarle a nadie porque como bien ejemplifica la serie de Jonathan Nolan y Lisa Joy, basada obviamente en un libro de Michael Crichton, si le das a las personas la idea de que todo lo que hagan es privado y anónimo se permitirán ser ellas mismas hasta el más lejano de los extremos. Westworld se va al diablo por la misma razón que el señor internet se transforma en Internet, porque alguien descubre que todo lo que haces se puede convertir en información para que alguien compre algo. Lo más triste de la transformación del señor internet de las libertades a la Internet de la seguridad es que nos convencieron de que la privacidad no incluía nuestros deseos, nuestros secretos o nuestras posibles intenciones. Lo más vergonzoso es que toda esa información solo sirve para seguirnos vendiendo algo. El “para qué” de la información sigue siendo tan básico en 2020 como lo fue en 1980 porque una vez más, no hay una mano gigante que mece la cuna: sólo estamos solos. 
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          Es posible que todo aquel que nació después de 1985 y hasta el 2005 ya regaló toda su información pertinente a las marcas, empresas, partidos políticos, asociaciones culturales, religiosas y sociales, a todas las redes sociales, a todos los influencers y de hecho, a todo el que quiera acceder a ella porque lo importante no es si tu información está a salvo (porque no lo está) lo verdaderamente importante es que hacen con ella y en segundo termino: quién lo hace. Cuando el escándalo de Cambridge Analytica explotó en 2018 la indignación llevó al mundo al borde de un colapso emocional por sus historiales de compra, de búsqueda o sus intereses declarados en redes sociales. Una batalla por la privacidad se desató  encabezada por senadores, activistas y señoras que gritaban por todas partes: “Quiere alguien pensar en los niños!”;  pero nadie se preguntó qué hacía Cambridge Analytica con esa información, ni quien la compraba, tampoco preguntaron qué información era o hasta que punto podían segmentarla y crear nuevos mercados legales e ilegales para la adquisición de estos datos. Los políticos que comían Twinkies se enojaron mucho porque por culpa de Cambridge Analytica ahora aparecían Twinkies en el correo, el periódico, el porno y hasta en la transmisión pirata del Francia-España de la Eurocopa del 2012 buscando interrumpir la aceptación global de la existencia de dos Xav(b)is en el fútbol.
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          Mi primera convención de Furros fue una de las experiencias más entretenidas que he tenido en la vida hasta que me clonaron la tarjeta comprando una Coca Cola.  
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      <pubDate>Tue, 05 Dec 2023 20:34:52 GMT</pubDate>
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      <title>No usar fuego</title>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  
         La censura no necesita fuego, es fuego
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          Durante siglos se ha utilizado una de las palabras más censurables de la historia: censura. Es complejo plantearse, en un principio, si la censura nació como un concepto definible por las acciones de aquellos que ostentan el poder o si bien, la autocensura de aquellos que ejercen el poder se manifiesta hacía los otros mediante la propia censura. Igual es una discusión estéril, la censura fue la compañera fiel del libro mientras el libro se posicionaba como el método de comunicación de las ideas. Si asumimos que a la llegada de Gutenberg la palabra impresa se convirtió en el principal vehículo de la disidencia social, política, amorosa, sexual, podemos decir que casi al mismo tiempo se erigieron los censores del libro con una potencia y eficacia en algunos casos inauditas. 
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          "Un libro es un arma cargada en la casa de al lado... ¿Quién sabe cuál puede ser el objetivo del hombre que ha leído mucho?" supongamos que Ray Bradbury se convirtió en el historiador de la censura. Que su Fahrenheit, más allá de ser un portento de las distopías, se convirtió en el manifiesto de la censura y contracensura del libro. Quizá lo más interesante sobre la censura no sea quién la ejerce, sino quien se siente protegido mediante la censura. Esta es una idea peligrosa (ahora que está en un libro, quizá alguien venga a quemar este libro) pero no por peligrosa deja de ser lógica, una gran parte de la censura está sustentada en los temores de una sociedad que renunció a la sensación de tener ideas muchos años atrás. Pero también, tenemos que reconocer, que la censura en los libros se ha convertido en algo divertido, escandaloso, pero ni de cerca en un atentado real contra la comunicación de las ideas, el porqué es simple, los libros ya no son el vehículo principal de la transmisión de las ideas. 
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          Hace un par de años se presentó un caso interesante, sensacionalista y por consiguiente, olvidado rápidamente. En los primeros días de noviembre algunos medios de comunicación hicieron eco de la aparición de un libro despreciable en el catálogo de Amazon "The pedophil's guide to love and pleasure: A child-lover code of conduct". El título en si mismo encierra el contenido del libro, algún tremendo cabrón se escribió un libro completo sobre como practicar la pedofilia. Este libro llegó a formar parte del catálogo de Amazon mediante su herramienta de Autopublicación. Entendiendo Autopublicación como el confuso arte de generar tus propios libros y distribuirlos directamente a los canales de venta, nos encontramos con que esta pequeña herramienta abrió la posibilidad de ser editado a un universo global de locos, artistas, delincuentes que quisieron hacer lo mismo que hace la gran mayoría de escritores en el mundo: compartir sus ideas. 
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          El libro generó un caos increíble, rápidamente las hordas en las redes sociales sacaron los pinchos, la gasa y la gasolina, se encendieron las antorchas, se persiguieron a los monstruos y, después de mucha presión, Amazon tuvo que tomar la decisión de quitar el libro a la venta y de todos los dispositivos donde fue adquirido. No me malentiendan, no tengo ningún argumento a favor de la existencia de tal libro y es posible que, si yo conociera al autor, ese autor caminara hoy en día de manera distintiva con la de alguien que ha sufrido un traumatismo severo a sus partes más glandulares. Pero al ver el caso me vino a la cabeza una pregunta, ¿Qué es más peligroso, un gobierno que intenta censurar un libro persiguiéndolo a través de todos los canales posibles; o bien, una librería única que pueda determinar no sólo lo que se lee, sino lo que se ha leído?
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    &lt;br/&gt;&#xD;
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          Amazon no es un censor, como no es un editor. Entendiendo censor por quien determina que un libro sea retirado de todo lugar posible y, entendiendo editor como alguien que comparte la responsabilidad del texto con quien lo ha escrito. Los censores fueron los millares de personas que amenazaron a a Amazon con dejar de comprar sus productos y el editor fue una figura ausente en este caso. El escritor fue por completo el responsable de lo que escribió, o al menos así lo dictan los términos y condiciones del servicio de Autopublicación de Amazon. Amazon no revisa los contenidos que se suben a su tienda, pero se reserva el derecho a retirarlos por completo de los "anaqueles" y manos de los lectores que lo han adquirido. En un sentido de lógica de negocios, estas protecciones que Amazon acomoda a su alrededor son necesarias. Pero entonces ¿por qué Amazon se negaba, en un principio, a retirar el libro? Durante las primeras horas del incendiario ataque contra Amazon, el gigante de las ventas por internet se mantuvo silencioso, analizando sus opciones. Supongamos, sin conocer en realidad lo que ocurrió, las grandes mentes legales de Amazon tuvieron una larga discusión sobre las implicaciones que tenían ambos caminos: el primero era simplemente negarse a retirar el libro bajo el argumento de que si algo no debe ser leído entonces no debe ser comprado (la lógica del criterio del comprador). El otro argumento se apegaba más al camino más peligroso determinando que Amazon se obligaba a ser cuidadoso con los contenidos que vendían y que si tenía que adquirir algún tipo de responsabilidad, al menos social, por aquello que era encontrado en su tienda. 
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          Amazon encareció automáticamente los costos de su unidad de Autopublicación al elegir el segundo camino. Tuvo que comprometerse con la sociedad a convertirse en guardián de las buenas costumbres, ¿cuáles son las buenas costumbres? Simple, las que la horda dictamine. Actualmente vivimos en un mundo donde la idea social de progresismo abarca a una buena parte de los consumidores de Amazon. Eso permite que sean las "buenas costumbres" progresistas con tintes ligerísimos de ideales de izquierda los que dictaminen las acciones del gigante. ¿Pero qué pasará cuando estos progresistas envejezcan y sigan el camino natural al conservadurismo? Seamos sinceros, envejecer conduce a la derecha, al menos así está claro en la historia actual de la sociedad. ¿Qué sucederá cuando, en países menos avanzados en derechos humanos, Amazon reciba los reclamos de su masa financiera en contra de algún libro mucho menos propenso al crimen que entendemos en occidente como crimen? Amazon ha dejado claro que sucumbirá a la única dictadura posible, la dictadura de la horda social. 
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    &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    
          El día que The pedophil's guide to love and pleasure: A child-lover code of conduct" fue retirado de la tienda de Amazon se sentó un precedente peligroso. Se dejó en claro que la censura se sometería de manera más directa y popular a las ideas de la masa, tema que no era preocupante en el siglo XVII pues la masa estaba delimitada y contenida por la capacidad de la misma para levantarse en armas. Hoy esto ya no es un problema, las armas son los teclados y el levantamiento ocurre sobre la plácida autopista de la red. Quiero dejar algo claro aquí, bajo ninguna circunstancia estoy a favor de eliminar la neutralidad de la red para acotar la posibilidad de que una masa de lunáticos se levante en "posts". Pero si estoy preocupado por la posibilidad de que la censura quede en manos de un agente preponderante en el mercado. Amazon no tiene porqué apegarse a las enmiendas constitucionales a favor de la libertad de expresión, Amazon tiene una única obligación legal y esta es con sus accionistas. Y sus accionistas no quieren ver su gran buque insignia hundirse para defender algo tan retrógrado como la libertad de expresión. 
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  &lt;div&gt;&#xD;
    
          En 1644 John Milton escribió su Areopagítica. Un comprometido texto dirigido al Parlamento británico tras la promulgación de una ordenanza que contenía las publicación al visto bueno de una figura difusa que se encargaría de actuar como censor. Milton, por obvias razones, se sintió en peligro con esta ordenanza, que responsabilizaba jurídicamente a los autores y editores frente a lo que la ley considerara peligroso. Milton era el rey de lo peligroso, constantemente navegaba en aguas turbias señalando las infinitas posibilidades que presentaba la "Ley de dios". Milton era un reaccionario, un hombre que constantemente jugueteaba con la posibilidad de poner en entredicho cualquier cosa. No sólo lo hacía, lo hacía bien. Era listo, sabía escribir y tenía un objetivo. Por supuesto que estaba en contra de la ordenanza, pero tomó uno de los caminos más peligrosos de su época: decidió publicar sus ideas en contra. Supongamos que la Areopagítica no fue leída por las masas, pero ciertamente fue accesible para las mentes jurídicas más brillantes de su época, para aquellos que batallaron en aquellos años, y muchos posteriores, por la libertad de prensa, por la idea de que la libertad de publicar cualquier idea estaba por encima de lo peligrosa que esta idea pudiera resultar. 
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  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Si Milton hubiera nacido en el 2025, seguramente hubiera visto que su Areopagítica no era necesaria. La censura en los medios masivos de comunicación era mucho más defendida que en unas cuántas páginas (en papel o electrónicas, para no entrar en enfados) publicadas por aquí o por allá. Sin embargo, seamos indulgentes y asumamos que Milton hubiera publicado su libro. Si el camino del comercio sigue como va, seguramente lo haría en la única tienda posible para la venta de palabras publicadas, libros. Este comercio ni siquiera hubiera revisado su libro y hubiera permitido la publicación del mismo, pero en el momento en que las hordas de las redes sociales (suponiendo que todavía se llamen así en el 25) decidieran que este libro atentaba contra la bendita idea de bla que se apega a la hermosa religión de bla y hace enojar a todos esos blas, Milton hubiera visto su obra desaparecer. Por desaparecer entendamos que ese libro no hubiera llegado a las manos de los futuros juristas que hubieran podido hacer una diferencia, no hubiera llegado ni siquiera a las manos de los siglos venideros que encontraran en su obra el pretexto para hablar de lo que iba a suceder de manera preocupada. 
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  &lt;div&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Lo más peligroso de tener un embudo comercial (entiéndase por este extrañísimo concepto que cada producto tenga un solo canal de venta) no reside en la falta de competencia o mejora de precios, en realidad lo más peligroso es que esta unicanal se convertiría en editor, censor, librero, reseñador, el acólito del libro, la gran religión del libro, y que el problema de tener un papado editorial es que la existencia misma del libro depende de la idea de diversidad. Otra vez, no hay que asomarnos al presente, la inmediatez nos presenta un hermoso universo de libros tan diversos como pudiéramos imaginarnos. Pero eso es ahora, ahora que la Autopublicación es un gancho comercial en una batalla de titanes. La verdadera pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿Qué pasará cuando uno de los titanes venza? ¿Cómo cambiará la industria cuando no esté ahí la competencia para generar opciones? ¿Qué pasará cuando no tengamos necesidad de quemar libros peligrosos y todo sea tan simple como hacer click, justo aquí, en esta pantalla? 
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Texto publicado en la revista Texturas
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      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
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      <pubDate>Thu, 28 Sep 2023 18:48:35 GMT</pubDate>
      <author>manuel@venadoazul.marketing (Manuel  Davila)</author>
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      <title>Lo Mórbido y lo literario</title>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    
          Una sutil lectura de Charlotte Roche en Zonas húmedas
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&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/morbid.png"/&gt;&#xD;
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&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  
         Cuentan las leyendas que Chuck Palahniuk lleva la cuenta de la gente que se desmaya cuándo lee su relato "Guts" en las lecturas públicas. Para algunos es un dato nada más, una faramalla más cercana al marketing que a la realidad. Sin embargo, cuándo se puede leer el relato en la novela "Haunted" es muy claro que hay algo dentro de la historia que produce sensaciones encontradas y un poco de morbidez por parte del lector. El relato ocurre en un suburbio, donde un muchacho descubre la succión de los filtros de la alberca de su jardín y los hace parte de sus juegos sexuales. Durante uno de esos juegos el muchacho se empieza ahogar y se da cuenta que esta atascado en el filtro de la alberca. Desesperado empieza a impulsarse con las piernas hacía la superficie hasta que lo consigue. Pero mientras sube, desesperado por aire, siente algo extraño en su interior, mira hacía el fondo de la alberca y ve como sus entrañas se quedaron pegadas al filtro y es el largo del intestino lo que le permite seguir subiendo.
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          Algo parecido ocurre durante la película Irreversible de Gaspar Noé. En una escena Alex (Mónica Bellucci) desciende por un paso peatonal subterráneo cuándo descubre que Le Tenia (Jo Prestia) la persigue. En una escena oscura, donde el sonido de los tacones de Alex es lo único que produce la sensación de suspenso, vemos a Le Tenia violar a Alex en una de las escenas más brutales que he podido ver en el cine. Lo realmente mórbido de la escena es que el director no se ahorra un solo plano o cuadro que  le deje claro al lector lo que Le Tenia le está haciendo a esta hermosa mujer. Quizá es la combinación de lo explícito y la figura femenina de Alex lo que produce en el espectador esta sensación de náusea, de equívoco inexplicable, de agresión a través del arte, quizá es la desfachatez de Gaspar Noé, al igual que de Chuck Palahniuk para explorar lo oscuro, lo tétrico de nuestra propia naturaleza y enviarlo de regreso a nuestros ojos como espectadores y lectores.
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  &lt;div&gt;&#xD;
    
          ¿Es acaso la morbidez esta enfermedad suave y delicada que nace desde nuestros más oscuros deseos, o bien, es este dolor intenso que se vuelve intolerable y nos hace querer mirar a otra parte, a cualquier otro lugar? Sería complicado responder por cada uno de los lectores, sería necesario analizar, más allá de la estética o el comportamiento de la morbidez en el arte, la dureza de estómago o fascinación que atañe a cada persona que se le enfrenta. Pero, sin lugar a dudas, lo mórbido tiene un lugar en las artes, como lo tiene en la vida diaria y en la vida oculta de casi todas las personas. Desde algunas narraciones bíblicas donde las ciudades son hogar de la morbidez y los bárbaros la practican, pasando por la racionalización occidental de algunos pasajes del viejo testamento que hoy en día nos revuelven el estómago, hasta quizá Saló de Pasolini, sin obviar al Marqués de Sade o a las Mil y una noches, nos encontramos que el motivo de la morbidez suele comenzar en la pureza o en la ingenuidad y se abre camino hasta lo perverso y lo retorcido.
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          Charlotte Roche en Zonas húmedas parece comprender el sentido de lo mórbido. Y teniendo esta comprensión decide escribir una novela, aún cuándo esto último pueda resultar discutible, basándose en esa morbidez que acompañará a Helen a través de su relato que inicia con una obsesión por volver a reunir a sus padres y que después se entrelazará por sus obsesiones sexuales y problemas médicos que estas traen consigo. El argumento de Zonas húmedas puede resultar interesante, si se lee con gusto o con la fascinación por seguir de cerca los pensamientos de un ser tan mórbido que pareciera artificial por momentos. Sin embargo, en esos momentos en que Helen, los enfermeros, sus parejas, los doctores parecen salidos de una historia artificial, caemos en cuenta que la morbidez tan natural con la que se mueven por las páginas del libro los convierte automáticamente en seres reales o al menos palpables para quien se acerca a esta novela.
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          En definitiva hay un común denominador entre Pasolini, Noé, Palahniuk y Roche. Aunque llamarlo común denominador me parece minimizarlo a perorata de psicoanalista en diván vencido, tendría que pensarlo dos veces y quizá elegir obsesión o enfermedad y si así fuera, tendría que elegir que entre estos autores lo mórbido es el hilo conductor. Cada uno se acerca de distintas maneras a ese objeto de estudio que resulta tan complicado, Palahniuk prefiere las historias vulgares que se trastornan y se convierten en un instante mórbido que si bien no definirá a su personaje, quizá si lo haga con los demás, al igual que los escuchas que se desmayan al escuchar sus relatos en las lecturas públicas que hace para promocionar sus materiales. Pasolini es distinto, para el lo mórbido forma parte de una estética que impone desde la pureza de su técnica cinematográfica, es capaz de exponer el acto más terrible de la manera más limpia y esa conjugación de distintos verbos hace su cine irrepetible. Noé, director de cine también, es mucho más vanguardista, mucho menos pudoroso y comprende que la única tribuna que le ha dejado el cine al siglo XXI es el escaparate luminoso y los reflectores; es desde estos reflectores donde se atreve a hacer una película tan mórbida como la que más y no escatima visualizaciones o diálogos que refuercen su idea particular de las peores cosas que pueden sucederle al ser humano. Roche es distinta, la influencia pop de su entorno se nota rápidamente al pasar por la morbidez de sus personajes. La facilidad con la que emplean las palabras y narran las circunstancias te hacen sentir en una sesión de MTV Unplugged donde la música es una oda a lo pestilente, grotesco y por ende a lo mórbido que cabe dentro de una muchacha impúdica de 18 años.
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          Aquí es necesario hablar de Primitivismo trastornado que ocupa las publicaciones serias de nuestros días. Resulta mucho más interesante hablar de la mutilación sexual en las tribus africanas que analizar seriamente si este comportamiento no se ejemplifica de manera menos sangrienta en occidente. Cuándo  nos hablan de un elemento primitivo que trae consigo formas salvajes y violentas que trastocan el orden social de occidente, las multitudes se conglomeran para observarlo más de cerca, desde el King Kong del siglo pasado hasta el último documental de National Geographic, es la morbidez lo que nos mueve de nuestros asientos, es lo mórbido lo que llena nuestro anecdotario y nuestras conversaciones naturales. Entonces, podemos acusar a Roche de aprovechar esta obsesión que tenemos con lo mórbido para escribir una novela que se dedica a repetir uno tras otro todos los elementos que socialmente resultan repugnantes o asquerosos. ¿Podríamos culparla de hacer girar la mitad de su novela alrededor de un ano lastimado y de la poca higiene de su personaje? Peor aún, ¿podríamos sorprendernos del éxito mundial que Zonas húmedas ha tenido? La respuesta tiene que ser no, no podemos culpar al autor de reflejar las obsesiones de sus posibles lectores, pero tampoco podemos permitir que lo mórbido por si mismo se convierta en el motor de una estética inexistente. Fuera de Roche, los autores antes mencionados tienen una presencia y propuesta estética que cobija lo mórbido, un caldo de cultivo que permite que estos actos desagradables se metan en el espectador y lo hagan sentir distinto. En Zonas húmedas no existe este cobijo, y sin ese cobijo lo mórbido sólo se convierte en morbo y es muy difícil justificar el morbo como una sensación estética o una propuesta intelectual.
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    
          Son cuatro visiones distintas de lo mórbido. El personaje de "Guts" no tendría cabida en una película de Pasolini y Gaspar Noé jamás filmaría Zonas húmedas, pero Palahniuk consideraría Saló una obra cinematográfica menor y probablemente Helen podría comerse una pizza y tomarse dos cervezas mientras se ríe de los personajes de Irreversible. ¿Esto delimita lo mórbido?  ¿Es acaso esta incapacidad para asimilar las obras mórbidas como un todo un impedimento para considerarlo algo más que un efecto especial en las distintas formas narrativas? Para algunos la respuesta será si, para otros lo mórbido será lo único real que queda en la humanidad después de tanto distanciamiento intelectual y estético de lo moral. Los primeros dirán que los segundos están demasiado necesitados de petardos y los segundos atacarán a los primeros de puristas e intelectuales, pero si algo es claro es que lo mórbido tiene un imán para las personas y que mientras siga siendo así continuará la producción de obras y temáticas mórbidas que ocupen las marquesinas y las novelas que salen a la luz pública.
         &#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Este texto fue publicado en la revista Lee+
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Wed, 13 Sep 2023 06:48:37 GMT</pubDate>
      <author>manuel@venadoazul.marketing (Manuel  Davila)</author>
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      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>No le digas que no a Jim</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/no-le-digas-que-no-a-jim</link>
      <description>Jim Brown murió el 19 de mayo de 2023. Es un hombre que tiene un legado importante en la NFL y como activista social y actor.</description>
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;b&gt;&#xD;
      
           Make sure when anyone tackles you he remembers how much it hurts.
          &#xD;
    &lt;/b&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Jim Brown
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Jim+wont+be+denied.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Ser un hombre negro en Estados Unidos es una de las luchas más antiguas del mundo moderno. Ser un atleta negro en Estados Unidos es una situación confusa. Ser un hombre negro famoso en Estados Unidos tiene que ser una de las profesiones más extrañas. Cuando se menciona a Michael Jordan entre algunas comunidades negras hay un cierto tipo de rechazo que no tiene nada que con que si MJ fue o no el mejor de la NBA, tiene mucho más que ver con que si Michael Jordan fue o no el mejor hombre negro en Estados Unidos. 
           &#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            Uno de los momentos más confusos para el mundo de la comedia fue la certeza con que las acusaciones contra Bill Cosby se apilaron. En uno de los momentos más extraños de su stand up (y hay que decir que tiene suficientes)
            &#xD;
        &lt;a href="https://www.youtube.com/watch?v=_busSo7N45E" target="_blank"&gt;&#xD;
          
             Dave Chapelle
            &#xD;
        &lt;/a&gt;&#xD;
        
            menciona que durante el discurso de
            &#xD;
        &lt;a href="https://www.npr.org/2010/01/18/122701268/i-have-a-dream-speech-in-its-entirety" target="_blank"&gt;&#xD;
          
             Martin Luther King
            &#xD;
        &lt;/a&gt;&#xD;
        
            se rumora que el sistema de audio fue pagado por Bill Cosby antes de decir que “posiblemente Bill Cosby haya salvado más de lo que hubiera violado” en uno de los momentos más incómodos de la comedia moderna. 
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            Tiger Woods es un hombre blanco. Posiblemente el insulto más grande a Tiger fue esta declaración anónima que lo persiguió toda su vida. No habría nunca títulos suficientes para borrar la sensación de traición que siempre acompañó a Woods durante su carrera en la PGA y esta relación que tuvo entre ser un hombre negro y ser el mejor jugador de golf del mundo. Sin embargo James Nathaniel Brown (1936-2023) nunca tuvo este problema. Jim Brown es posiblemente uno de los mejores jugadores en la historia de la NFL. Fue un running back (corredor) tan potente como ágil, una estrella universitaria que brilló en casi cualquier deporte que intentó (incluyendo ser considerado uno de los mejores jugadores de Lacrosse en la historia del deporte) y que cuando se convirtió en profesional dejó una huella de excelencia en uno de los equipos “malditos” de la liga. Jim lo hizo todo. Pero ante todo, Jim Brown fue un gran hombre negro en Estados Unidos. 
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            Si Muhammad Ali se negó a ser soldado, Jim Brown nunca abandonó por completo su compromiso con el Ejército de su país y en 1974 posó desnudo en la revista Playgirl. Jim hizo todo lo que quiso, fue protagonista, actor secundario, líder sindical y representante de la excelencia del hombre negro en Estados Unidos durante toda su vida. Se mantuvo cerca de los Cleveland Browns en todo momento poniendo por delante un tipo de lealtad que poco a poco se fue diluyendo en la NFL. En 1965 fue el primer presentador negro en presentar una pelea de Box por televisión y en 2008 fue uno de los primeros en demandar a un videojuego por rendirle tributo sin haberle pagado por usar su imagen. Jim Brown fue acusado en múltiples ocasiones de golpear, amenazar e intentar matar a distintas mujeres en su vida, sin embargo la mayor parte de estos cargos fueron retirados y en algunos círculos sociales se mencionó que Brown fue uno de los primeros beneficiarios públicos de la solidaridad que existe entre las mujeres negras y sus abusadores derivado de la injusticia racial que viven los hombres negros en Estados Unidos. No fue sino hasta 1999 cuando por fin Jim Brown fue condenado por abusos contra su pareja y pasando 3 meses de una condena de 6 en prisión. 
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            Spike Lee filmó una película sobre Jim Brown. Jim Brown salió vestido de egipcio en Mars Attack y tiene algunas de las frases más celebres que uno pueda considerar tanto en la NFL como en el cine. Pero ante todo fue un buen hombre negro en Estados Unidos, uno que se habla de tú con otros como Kareem Abdul-Jabbar  y Malcolm X, uno que fue protegido por su comunidad y aplaudido cuando corría y cuando jugaba profesionalmente y después cuando era un medio patiño en películas de acción. Jim Brown era una versión menos interesante pero más negra de OJ Simpson y si hay que aplaudirle algo fue que estuvo en esa misma reunión entre Kanye y Trump, y nadie le pudo poner una gorra roja. Un buen hombre negro.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Fri, 19 May 2023 20:43:44 GMT</pubDate>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Adiós Libranda</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/adios-libranda</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Una boda francesa tampoco arregla un chiste de gallegos
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Libranda.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Libranda fue mi última infatuación en el universo del libro digital en español. También probablemente fue lo más cercano que tuve a un matrimonio en mis dos aventuras tratando de desarrollar el mercado de libros electrónicos. En aquellos tiempos, previo al 2014, si querías ser una tienda de libros electrónicos tenías que casarte con Libranda y como todo matrimonio nunca sería una relación simple. Antes de seguir me gustaría aclarar que siento un profundo respeto por Arantza y Matías, las dos personas con las que tuve una correspondencia más larga en esa relación y que espero que el alto señor de los libros los guarde y los proteja en este futuro por demás nublado y complicado.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Habiendo dicho eso también es importante aclarar que Libranda fue una de las mejores peores ideas que ha tenido una industria donde este tipo de ideas abundan. Completamente equivocada desde un punto de vista estratégico para el libro electrónico resultó una idea genial desde el punto de vista de los editores. Cerrar las brechas, acortar los caminos, jugar a dos y tres bandas, ocultar y dilapidar información con el solo objeto de proteger su propia fuente de ingreso: la edición impresa. Es claro que a los que apostamos por el formato digital la idea de Libranda nos era incómoda, estorbosa, algo que no tenía ningún sentido pues. Con el tiempo y el privilegio que proporciona cierta perspectiva se tendría que entender la existencia de aquel
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            frankenmono
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           desde otro tipo de lugares. Libranda nunca tuvo como intención proliferar y mejorar el universo digital de los libros en español y en ese sentido hay que reconocer que hicieron un gran trabajo.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Libranda se imagino como tienda, distribuidor, punto de venta para bibliotecas, desarrollador de tecnología mientras cumplía la única labor que servía a los intereses de sus accionistas: cerrar el mercado y mejorar la posición de defensa ante la llegada del depredador Amazon. El resultado fue obvio, una plataforma de distribución con el control del 85% del revenue de las ventas de libros digitales en español cuya tecnología no valía ni la décima parte de lo que invirtieron y cuyo personal siempre se quedaba corto, quizá mucho más por volumen que por disposición, ante las necesidades de un paradigma que pudo haber cambiado la historia del libro en español a mediano plazo. Los pasillos de las ferias y reuniones hervían con gritos de sangre y venganza contra la “maldita” Libranda, en muchos casos provenían de los mismos que después se sentaban en sonrisas y cordialidad tratando de encontrar mejores condiciones para sus propios intereses. No nos equivoquemos, durante más de 8 años Libranda fue la piñata del mundo digital.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Mi relación, desde las posiciones que tuve, fue tensa por decir lo menos con Libranda. Desde la absurda complejidad tecnológica hasta la difícil relación comercial cada día quedaba más claro que el proyecto nunca podría solventar las necesidades que una tienda en pos del crecimiento buscaba. Sólo para resolver el problema Libranda se requería un 30%-40% de los recursos humanos y de desarrollo de cualquier tienda, eso sin mencionar que pasar por Libranda era una desventaja automática frente a competidores como Amazon y en menor medida Kobo. Con Libranda tuve problemas técnicos que nunca tuve en su momento con distribuidores más pequeños y después con distribuidores mucho más grandes y la mayor consecuencia que eso trajo consigo fue la suspicacia, la sospecha y la incredulidad. Sus accionistas los defendían públicamente y los cuestionaban por los pasillos en México y otros países. Pero había que lidiar con Libranda y así se hizo.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Hoy los resultados son transparentes. El fin de Libranda, que aunque conserve el nombre deja de ser de facto el brazo digital de sus accionistas, sirve como un buen parteaguas para analizar el verdadero estado del libro digital en el mercado hispano. El mercado del libro sigue siendo uno donde la misma entidad funciona como juez, jurado, fiscal, acusado y defensor. Esto no es un accidente, pasado el inicial temor del fin del libro impreso como principal fuente de ingresos de los editores el festejo duró unos años y de alguna manera nadie se ha preguntado por lo que supondrá la resaca. Los accionistas de Libranda hicieron lo mejor para sus propios negocios, como cualquier accionista con dos centímetros de frente tendría que hacer. La relación entre dichos accionistas sólo empeoró conforme avanzó el tiempo y eso se reflejo dramáticamente en la esperanza de la adopción del libro digital. La falta de recursos humanos y financieros para Libranda siempre fue el fiel reflejo de la opinión de la industria sobre la posibilidad de perder control financiero sobre los medios de producción. No se ha perdido nada, no hay un ápice de información que Libranda deje de controlar que honestamente le importe a los editores, si para algo sirvió esta aventura fue para comprobar que en realidad el mundo del libro se sigue moviendo por quien edita y no por quien lee.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           El futuro sigue siendo incierto por decir lo menos. Sigo sin encontrar una sola cifra que me obligue a ser optimista sobre el futuro del libro como medio de información y/o entretenimiento. La gente lee menos y peor aún, cada día considera menos el libro como pieza fundamental en su vida diaria y eso en gran medida se debe a que la única regla que rige esta industria es “más vale pájaro en mano que ciento volando” Hoy creo que Libranda hizo lo mejor que pudo, desde cerrar las brechas y controlar hasta la última parte del proceso de venta de libros digitales hasta venderse y recuperar, no lo sabemos, una inversión por parte de sus accionistas que por otro lado ya no podían sentarse a la misma mesa sin sentir cierta animosidad el uno por el otro. Si Libranda nació porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo también murió porque enemigos somos todos y esto es Esparta mequetrefes. Hoy se cierra un capítulo importante en la historia del fin o, cada vez menos, la posible transformación del libro para sobrevivir tiempos de muerte análoga y eternidad digital. Hay algo triste en todo esto, aunque a primeras de toque no tengo muy claro qué, pero una vez más presenta una oportunidad única para los actores de esta industria para polemizar, discutir, proponer y, por qué no, encontrar un nuevo enemigo de pasillo y rumor.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Ha muerto Libranda, larga vida a Libranda. 
           &#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Fri, 12 May 2023 05:55:40 GMT</pubDate>
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      <g-custom:tags type="string">2017,Literatura</g-custom:tags>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Pepe Grillo y el Adaptador eléctrico</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/pepe-grillo-y-el-adaptador-electrico</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El precio de la modernidad
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Grillo.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            “Confidence is ignorance. If you’re feeling cocky, it’s
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            because there’s something you don’t know.”
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ― Eoin Colfer, Artemis Fowl
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El mundo del libro se divide esencialmente en dos tipos de tropa. La primera sostiene todo en su lugar y evita el desplazamiento que podría traer consigo algún alud vertiginoso que genere algún tipo de cambio. La segunda tropa elige, casi anualmente, una serie de “cisnes negros” que cimbrarán a la primera tropa y nos someterá al raudo y enérgico látigo del cambio.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo más gracioso sobre la existencia de estas dos tropas es que normalmente utilizan el mismo armamento, los mismos vehículos y hasta los rangos. Son el mismo ejército, pues. Después de pasar algunos años viajando por el mundo, persiguiendo el Santo Grial del libro, llegué a un par de muy sanas conclusiones: uno, jamás uses el roaming de tus datos y dos, siempre averigua si necesitas un adaptador para los tomacorrientes de cualquier lugar que visites. En realidad todo lo demás que aprendí en esos viajes es secundario y si me toman las prisas, está subordinado a estos dos grandes aprendizajes.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La realidad es que por muy modernos que vamos cada país tiene sus propias reglas en términos de comunicaciones y se deben respetar, a riesgo de volver a casa y encontrarse una factura que supere el costo del avión y hospedaje del viaje anterior. ¿La solución? Simple. Aterrizas, buscas un lugar donde te vendan un chip local, pagas una cantidad de dinero que casi nunca supera el costo que tendría en México y cuando enciendes el teléfono le dices al Whatsapp que quieres conservar tu número local. Simple y llanamente tienes un teléfono económico, normalmente con datos y mantienes el 85% de tu comunicación diaria. Porque si su comunicación diaria pasa más del 15% por afuera del Whatsapp algo están haciendo mal. ¿Cuál es la lección? En cualquier situación lo más importante es reconocer las reglas locales antes de tratar de implementar soluciones que puedan alterar el ecosistema. Si lo quieren en términos más librescos es más simple, una librería tiene que tener libros a la venta y todo lo demás es puro adorno.
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           ¿A qué viene esto? Últimamente han empezado a proliferar las librerías de segunda mano. Sobre todo en el mercado europeo han encontrado la manera de revalorar libros usados para reinsertarlos a un mercado que no depende única y exclusivamente de la nostalgia o el coleccionismo. En Latinoamérica las librerías de “viejo” llevan años ocupando un espacio interesante en el mercado, hay calles completas de este tipo de locales que se consideran guaridas de piratas donde se reservan grandes tesoros para aquel con el tiempo y la paciencia para encontrarlos. Estas librerías normalmente compran por volumen librerías de gente que muere o que ya no tiene suficiente espacio y después los colocan a la venta a precios aleatorios pero casi siempre lo suficientemente pequeños para ser asequibles y atractivos. En mi caso recuerdo que si no hubiera sido por estas librerías me hubiera perdido “El Cuarteto de Alejandría” que pasó más de diez años agotado en librerías sin que se reeditara o reimprimiera. Así miles de lectores en los países de América Latina generaron un vínculo con las librerías de viejo, con el tiempo una buena parte de estos lectores empezaron a tener ingresos de otro tipo y reservaron sus viajes a estos templos del polvo y papel para encontrar ediciones especiales o rarezas fuera de circulación.
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    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
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           Ahora bien, alguien tuvo la ocurrencia de que si pones esos libros en mejores locales, con mejor iluminación, atención y hasta un poco de marketing directo podrías revalorar un negocio que hasta ahora parecía destinado al oscurantismo. ¿Lo sorprendente? Funciona. ¿Por qué? Porque son libros en una librería y están baratos. ¿Lo ilógico? Hay un segmento de la industria ofendido por la ocurrencia de poner a circular estos libros otra vez en competencia con las novedades y fondos editoriales recientes. ¿Lo ridículo? Una industria que lleva colgada de la nostalgia del papel para justificar su reticencia al cambio tecnológico ahora se ofende porque alguien más nostálgico quiere un pedazo del pastel. En pocas palabras, alguien usó su roaming de datos y ahora llama furioso a la compañía telefónica para que le expliquen porqué tiene que pagar el costo de un auto pequeño por usar su teléfono en otro país. Peculiar el caso, pues.
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           Ahora, el segundo caso que quiero tratar es todavía más extraño porque me recuerda a la forma de alimentación que tienen las vacas. Los bovinos no mastican y tragan, como nosotros. Los bovinos mastican, vuelven a masticar, le dan una masticada y después lo tragan. Regurgitan en pocas palabras. Una de las cosas más ridículas que existen en el siglo XXI, junto con la diferencia entre los sistemas de medidas, es la tropicalización de los tomacorrientes. ¿Qué quiere decir? Simple, un tomacorrientes en México no es igual a uno en Argentina y tampoco es igual que uno en España. Si tratas de conectar el cargador trifásico de tu MacBook en Buenos Aires te quedarás intentando, al igual que en Madrid, Roma o Brisbane. En realidad si viajas a estos lugares o vienes de estos lugares tienes que comprar un adaptador eléctrico que te permita conectar tus aparatos. Siendo honestos esta tiene que ser una de las tres ideas más estúpidas en la historia de la humanidad, quizá sólo superada por la venta de cerveza en estadios de fútbol o la libre portación de armas en Estados Unidos.
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La lógica detrás de semejante estupidez me es desconocida, supongo que proviene de alguna época donde algún sentido de identidad nacional se podía expresar en fastidiarle la vida a la gente que viaja. El precio de ser turista supongo. Lo que realmente me sorprende es la cantidad de empresas que seguramente viven de vender estos adaptadores, porque déjeme decirle, en ningún lugar son baratos. He llegado a pagar 20 euros por un pedazo de plástico que reacomoda las pijas de mis aparatos para poder enchufarlos. Genios, sin duda.
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    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El asunto aquí tiene un factor económico que si bien no cambia el futuro de las tasas de interés si genera un sobre precio absurdo en la producción de aparatos eléctricos para los distintos lugares del mundo. Un fabricante de microondas que aspira a ser global, y si no aspira a ser global en realidad creo que nunca le compraría un microondas, tiene que invertir en clavijas independientes para cada uno de estos lugares; peor aún, si la demanda en alguno de estos sitios supera la de otros no puede mover libremente el electrodoméstico sin tener que hacer el cambio de clavija. Es decir sus propios inventarios están limitados por la existencia de una limitante que no tiene ningún sentido. Supongo que si compites en el mercador de electrodomésticos los centavos que puede costarte hacer el cambio y su posterior certificación a la larga deben generar un conflicto financiero de mediano tamaño para el fabricante. Pero pues el asunto es así, si quieres vender en Sudamérica lavadoras mexicanas tienes que cambiar la maldita clavija y no hay una sola cosa que puedas hacer con eso.
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    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo mismo me ocurre con la idea, proliferante y más usada que un par de zapatos favoritos, de los audiolibros. Específicamente con la idea de que los audiolibros son una solución para la caída de ventas de libros a nivel mundial. Por principio analicemos algunos de los problemas del libro que se sólo se multiplican si consideramos el tránsito a los audiolibros. Por principio los presupuestos para la producción de los libros no hacen sino bajar. Cada día son más las editoriales que buscan papeles más baratos, cartulinas chinas, inversiones de marketing globales y no particulares, cada día hay menos correctores, lectores, revisores, diseñadores, maquetadores, dibujantes, editores y vendedores involucrados en la creación de un libro. Si bien la tecnología ha ido disminuyendo estos costos aún así los editores saben que encontrar el punto de equilibrio cada día se parece más a que te cueste menos hacerlo que a venderlo más.
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           También es conocido el problema de la “tropicalización” cada día los lectores exigen que más que los libros estén adaptados a su forma de hablar y expresarse, el famoso problema de las tías y las pollas que en Madrid no se entiende pero que es una queja generalizada de este lado del charco. Este fenómeno no sólo ocurre en esta relación, también los lectores estadounidenses se niegan cada día más a encontrar libros escritos por británicos que no han sido sometidos a un tratamiento estético por parte de los editores locales. Este es un problema que si bien escrito es incómodo hay que reconocer que fonéticamente hablando es insoportable y en muchos casos ilegible. Actualmente una buena parte de las series, caricaturas, películas y programas que se producen en el mundo encuentran complicaciones para moverse en el mercado hispano por los continuos costos de doblaje, producción y montaje. Hay casos célebres (el último quizá una película sobre Yu-Gi-Oh) en los que los fanáticos de alguna caricatura tratan de boicotear la exhibición de algún ejemplo de la misma que no cuenta con las voces “originales” que provienen del doblaje. En fin, la tropicalización es un problema específico que se manifiesta mucho más en los mercados más jóvenes de lo que se manifestaba en los segmentos más maduros (por no decir viejos) del mercado.
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    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hacer un audiolibro es costoso, hacerlo bien al menos. Para esto se requiere un “adaptador” que esté familiarizado con la obra que se va a grabar, un director, un productor, un editor, al menos un locutor, horas de estudio, horas de postproducción y finalmente la comercialización que no es cosa fácil porque aún ahora los audiolibros tienden a ser archivos pesados y difíciles de mover. Esto es sólo para generar un producto terminado, después hay que esperar a que dicho producto terminado reciba suficiente promoción, distribución y que al final la gente que está dispuesta a comprarlo pague el precio final. Hagamos un ejercicio simple, Infinite Jest de David Foster Wallace cuesta 45 usd en Audible (servicio de Amazon para audiolibros), 23 usd en edición de papel y 9 usd en edición de Kindle. Probablemente se deba al volumen de la obra, veamos pues otro caso, Inferno de Dan Brown tiene un costo de 21 usd en audiolibro, 8.50 usd en papel y 7.70 en edición Kindle. La primera pregunta en este caso será, ¿por qué tomar Amazon como punto de referencia? Bueno, esto es simple, Amazon es el único servicio que actualmente garantiza la calidad de sus audiolibros y que tiene un sistema viable (por suscripción) para poder acceder a este contenido, así también es el único que tiene el libro en físico y en una edición digital igualmente garantizada en su calidad contra una política más que adecuada por devolución.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los audiolibros son el lujo en el mercado del libro. Actualmente el costo de uno es casi el triple y, a diferencia de un libro digital o en papel, tiene el problema de un locutor que puede no ser profesional, un anotador que puede no haber hecho bien su trabajo y un productor que puede estar experimentando en este segmento y que nos dejaría con un producto derivado de segunda sobre una obra de primera que hemos pagado como si fuera hecho de oro macizo. Un riesgo incontrolable para los lectores actualmente. Ahora bien, si hay un lugar en el mundo donde los audiolibros funcionan este tendría que ser el mercado sajón, ya quisiera yo ver a un mexicano escuchando de pollas, un argentino escuchando de
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            chingones
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           , un chileno escuchando de
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            pibes
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           y un español tratando de entender un
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            hueón
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           en la pura y llana fonética de un locutor que por muy profesional que pueda ser tendría que adherirse a la verbalización de una palabra que puede resultar menos agresiva de manera escrita.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es complejo, supongo, seguir buscando respuestas a una pregunta lúgubre. Pero me queda claro que ni la industria de los electrodomésticos apuesta por los adaptadores eléctricos, ni los usuarios de datos en móviles se hacen a la idea de pagar los costos de roaming por el esto de sus vidas. Entonces pues, ¿por qué la tropa del libro sigue intentando sacar agua de las piedras? No lo sé, pero seguro podríamos ocupar nuestro tiempo haciendo algo mejor.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2017
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Grillo.jpg" length="11255" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Thu, 11 May 2023 19:17:47 GMT</pubDate>
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    <item>
      <title>Instrucciones para escribir una columna cultural</title>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
  &lt;b&gt;&#xD;
    
          Evite como sea ser una columna de opinión
         &#xD;
  &lt;/b&gt;&#xD;
&lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%283%29.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           1. Evite, sea como sea, parecer una columna de opinión. Recuerde que la estupidez del lector de suplementos culturales es apenas superior a la estupidez del columnista.
           &#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            2. Recuerde constantemente su naturaleza underground, posmoderna, apocalíptica, irreverente y todo adjetivo que se le pueda anexar a su débil personalidad.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            3. Repita constantemente su lugar de origen, que la gente entienda que no es que usted haya nacido así, fue la maldita frontera que lo convirtió en este guiñapo ultraísta que ahora escribe en
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            un suplemento para sobrevivir.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            4. Parezca irónico. Si no sabe lo que es la ironía, no se preocupe, tarde o temprano la notará a su alrededor.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            5. Jamás olvide porque le dieron premios literarios, no fue por su talento literario, fue por su manejo del slang, el pr0nlit y todo los demás detalles pintorescos que el entorno literario no entiende por anacrónicos. Así logrará darle al mundo lo que necesitan de usted, un montón de basura escrita con cursivas.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            6. Escoja cuidadosamente su tema, que sea lo suficientemente ruidoso para que sus lectores lo hayan notado en la sección de cultura de su periódico, pero que al mismo tiempo sea flexible; de esta manera nadie notará que de verdad no tiene idea de lo que usted está hablando.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            7. Utilice MAYÚSCULAS para dar a notar sus ideas, de esta manera dejará pensando al lector promedio sobre lo reveladora que resulta su frase sin que se note que probablemente lo hizo aleatoriamente para parecer inteligente.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            8. Hable de sus viajes y los miles de eventos que ha presenciado, sus millas acumuladas darán validéz a sus ideas frente a los lectores.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            9. No diga nada, no importa lo que pase, no diga nada.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            10. Si se ve forzado o urgido a decir algo, hable mal, de todo y de todos, así de menos quedará claro que usted es el único absolutamente capaz de reconocer la mala literatura.
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2017
           &#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
      &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%283%29.jpg" length="65513" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Thu, 11 May 2023 16:07:55 GMT</pubDate>
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        <media:description>main image</media:description>
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    </item>
    <item>
      <title>Cosas y Horas</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/cosas-y-horas-38e446004f</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cosas y horas
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%282%29.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Hay una cosa, a cierta hora
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            cuando la piedra crepita y la madera suda,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            un yo, porque ahora entiendo que soy yo,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            el que figura al final del túnel
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            él que es figura al final del túnel
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            el que es el túnel por donde la figura se alarga y se tiende y
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            crepita mi mano y suda mi piel.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Es a esa hora donde toda tilde muerde palabra
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            donde se entorpece la aurora y el atardecer es ocaso,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            ahí donde los puntos cardinales convergen hasta volverse
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            una piedra que apunta al fin del día, al fin de nosotros,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            porque ahora sé que yo soy yo en nosotros
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            aunque no entienda nada y crepite tu voz y sude mi oído,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            y se vuelquen las hojas y se recuesten al aire.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;br/&gt;&#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            Pero resulta que esa cosa y esa hora se atolondran,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            tropiezan y se caen y cuando se caen es un escándalo
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            que ensordece los tímpanos y araña los glaciares,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            y ese yo que se ocupa del túnel y del nosotros adolece
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            de tonos agudos cuando son graves y de la gravedad en sí,
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            si me hace de piedra cuando me esperan madera
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            si hace que sude cuando solo sé crepitar.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            A esa hora suelo ser una hoguera donde la gente seca
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
    &lt;div&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        
            sus hojas de colores al sol y al fuego. Una cosa cualquiera.
           &#xD;
      &lt;/span&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%282%29.jpg" length="36019" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Fri, 17 Mar 2023 07:52:48 GMT</pubDate>
      <author>manuel@venadoazul.marketing (Manuel  Davila)</author>
      <guid>https://www.libroportatil.com/cosas-y-horas-38e446004f</guid>
      <g-custom:tags type="string">Poesía,Literatura</g-custom:tags>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>Mi amigo Jorge</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/mi-amigo-jorge</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ...
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Mi+amigo+Jorge.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Cielo o infierno, lo mismo da
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Fito Paez
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La primera vez que supe quién era Jorge Lebedev yo no sabía que quería dedicarme a los libros. Era jóven, un lector entusiasta y poco educado. Había ya intentado pasar por los talleres y destellos de una posible vida literaria más allá de ser un poeta ignorante o un efusivo narrador que repetía constantemente fórmulas mal entendidas acompañado de amigos que más o menos estaban en las mismas que yo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Viajando al futuro, hasta hace unas semanas, me viene a la mente una conversación con un amigo que ha sobrevivido desde ese principio turbio del que hablaba antes. En esa charla surgió esta pregunta: “¿Tú recuerdas haber tenido un mentor?” Mi respuesta fue rotunda y mentirosa, dije “no” y también dije muchas otras cosas más del porqué no que iban desde la anemia literaria en México hasta las personalidades de este u otro escritor en términos de que los “chidos” no se acercaban y los que se acercaban no eran “chidos”. Mentí ese día no por desconocer a alguien sino por no entender correctamente la pregunta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En un mayo de 2004 supe quién era Jorge Lebedev porque gracias a Jorge Lebedev supe quien era Roger Chartier y Juan Gustavo Cobo Borda y muchas otras cosas más sobre el porqué de los libros que años después se convertirían no sólo en mi forma de vida sino también, en la forma en que percibiría los próximos 20 años. Ese 2004 crucé dos palabras con Jorge y ni él sabía quién era yo ni yo sabía quién sería él. Años después lloraría en casa la muerte de Luis Eduardo Aute con un grupo cercano de amigos y trazaría el camino hasta aquella conversación en un elefante blanco de Legaria donde descubrí lo que Aute era y que me acompañaría una buena parte de mi vida. En aquel 2004 Jorge Lebedev había acomodado una serie de fichas que germinarían hasta convertirse en una buena parte de lo que soy hoy. Ese pequeño acto anónimo y despersonalizado sería la primera vez que fui testigo de la magia de Jorge Lebedev.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Muchos festivales y eventos fortuitos después le contaría la importancia de ese evento a a Jorge sentados en un restaurante argentino de la Condesa, ya habíamos trabajado juntos algunos años en Gandhi y después de escucharme le daría a la historia la misma importancia que le daba a todo lo que había hecho o había dado: casi ninguna. Desde aquel festival en 2004 los años pasarían y mucho más convencido de lo que quería hacer y ya con algo de camino recorrido una tarde recibí un correo de Jorge Lebedev preguntándome si estaría dispuesto a compartir una mesa en el Centro Cultural España. Compartiría mesa con un alto ejecutivo editorial y la esposa de un cineasta para hablar sobre la piratería ante la llegada del libro electrónico. Esa fue la primera vez que tuve que defender mis ideas en público sobre el papel del libro entre los lectores y el futuro digital de la cultura. Nos hicimos pedazos en esa mesa, Jorge detrás de bambalinas, donde se sentía a veces más cómodo, lo disfrutaba.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Semanas después Jorge me preguntó si querría entrevistarme con la gente de Gandhi para darles un poco de orientación sobre el futuro del libro electrónico. La historia es pública, tras algunos meses sería el encargado de una nueva área en la cadena de librerías donde haría tantos amigos y aprendería mucho más de lo que imaginaba sobre el mundo del libro. Jorge Lebedev siempre estuvo ahí, siempre tuvo un consejo, un comentario mordaz o una opinión tan fuerte sobre algún tema que era casi imposible avanzar la conversación. Jorge era querido y respetado en Gandhi, estrechaba manos y sonreía y sabía un poco sobre todos y un mucho sobre todo y más allá de que lo supiera era generoso con todo eso que era suyo. Tuve la oportunidad de ver ahí tantas veces su magia, a veces no reconocida y no apreciada en su justa medida, que al menos en ese principio hacer bien las cosas era corresponderle en buena parte a Jorge por haberme recomendado.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En esos trances y gracias a Jorge conocí a mi Editor. Bueno al hombre que se convertiría en mi editor y que Lebedev sólo me lo presentó con esta frase que él sabía que era más que suficiente para garantizar que nos acercaríamos: “Este sabe un montón de todo”. Eso trajo para mi viajes, congresos, hacerme una voz visible y fuerte alrededor del libro, una vez más un acto desinteresado y nunca discutido de Jorge Lebedev me había puesto en el camino de encontrar otros amigos, otras historias y algunas posibilidades. La FIL, a la que nunca quería ir pero en la que siempre esperaba estar, me mostró ese monstruo que era Jorge Lebedev para la industria. Un hombre con tantas historias y tantos recovecos en su memoria que daría la sensación de ser un Bartleby de mil vidas. Jorge Lebedev no hablaba de caminos a seguir, sólo dejaba huellas tan profundas que se podía hacer una arqueología perfecta de su importancia y su influencia.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hace unos 3 o 4 años cuando me decidí a darme un descanso del mundo del libro comí con Jorge en aquel restaurante en la Condesa. Después de cuatro o cinco muecas tan características suyas, tan de su barba y sus ojos enormes detrás de aquellos lentes me dijo que si creía que eso estaba bien, estaba bien. Lo que parecía desinterés siempre fue la forma en la que Jorge se hacía parte de tu vida. Fuera de algunas menciones, para Lebedev su vida personal era suya y de nadie más, no fue un hombre de aspavientos o gestos exagerados, al menos no conmigo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No quiero hablar de lo que me hace sentir su muerte porque como todo con Jorge Lebedev asumo que será algo que durará años en mi vida y que con el tiempo iré descubriendo el verdadero impacto. No hablaré de su muerte porque cualquier cosa que pueda decir ahora sería otra mentira. Prefiero decir que le agradezco tanto todo, que le agradezco haberme ayudado a ser quien soy y haberme dejado claro cómo sería ser lo que podría ser. Que sé que si estas ideas fueran una conversación me desdeñaría con un gesto para inmediatamente preguntarme por alguien en común o mi opinión sobre alguna cosa que estuviera masticando y que necesitara poner en la boca del otro para verla con un poco de perspectiva como si los demás fuéramos un espejo de si mismo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hoy Jorge Lebedev deja un hueco que se sentirá desde los anaqueles de los libros hasta su mesa en ese restaurante donde uno podría caminar hoy todavía con la esperanza de encontrarlo ahí, fumando donde no se puede y pidiendo cosas que no están en la carta. Mago y genio de tantísimos actos y mecanismos perfectos que siguen rodando hasta hoy y de los que yo también soy un engrane. Sólo puedo decir “Gracias Jorge, gracias desde ese mayo y hasta el último que me toque estar por acá” y no sentirlo como decirle adiós a mi mentor accidental o a mi amigo menos pensado, sentirlo como se siente hoy todo: agrietado.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Mi+amigo+Jorge.jpg" length="3801" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Sun, 31 Jan 2021 05:52:10 GMT</pubDate>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>La próxima gran cosa</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/la-próxima-gran-cosa-f085df98c5c0</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Siempre algo se viene
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/20.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Se ha hecho evidente. Agencias, marcas, industrias giran hacía la pauta digital dejando de lado los medios tradicionales. Algunos gurús venden esta idea como una profunda transformación en los hábitos sociales, otros se vanaglorian de los esfuerzos de sus agencias para encontrar la creatividad correcta. Unos más hablan de la importancia que tienen los medios digitales en la vida diaria. Lo que sigo sin encontrar es quién simplemente hable de la migración, cada vez más definitiva, de las audiencias.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Durante mucho tiempo la televisión, la radio y los periódicos impresos gozaron del favor de las audiencias. Actualmente estos medios han visto caer sus ventas, sus impactos y sus usuarios en una espiral constante que genera optimismos desenfrenados cuando cruza por el norte y pesimismos suicidas cuando cruza por el sur. En los últimos diez años distintos medios se comenzaron a preguntar si la migración de las audiencias ocurría y si dicha migración llevaba consigo la autoridad moral de ser quien te dice qué y en donde comprar (Toc, toc, amigos del libro ¿les suena conocido el concepto?). En muchos casos los medios consintieron la idea de que compartirían las audiencias con medios digitales pero pusieron en duda si esos medios algún día tendrían líderes de opinión lo suficientemente sólidos para robarles la autoridad moral con la que fundaron su imperio en el siglo XX.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El crecimiento de la efectividad en la publicidad digital no proviene de la sagacidad de las agencias o marketeros modernos. Proviene de la ineludible realidad que trae consigo la innovación. Tarde o temprano pasas de joven rebelde a viejo obtuso. A fuerza de presencia, la publicidad en medios digitales se ha ido colocando como un objeto ineludible al tiempo que pasamos frente a una pantalla interactiva. La monopolización de las audiencias por parte de Facebook, Twitter, Snapchat, Youtube, Google, Netflix, Spotify, comienza lentamente a revalorar la posibilidad de que tarde o temprano alguien será susceptible a la influencia de la publicidad digital.
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    &lt;/span&gt;&#xD;
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           Pero lo que me parece particular de todo esto es que en realidad los grandes medios digitales encontraron en la estabilidad la respuesta a sus problemas. El día en que cada uno de los antes mencionados determinó su propia personalidad o bien abrazó la personalidad que le fue atribuida por sus usuarios comenzaron a madurar como medios que traían consigo una base considerable de posibles clientes. El día que Facebook asumió que sería el instrumento de conexión entre personas que supuestamente se conocen, el día que Twitter aceptó ser el vehículo de la inmediatez, que Youtube reconoció que era el rey de los 3 minutos de ocio y que Spotify se reconoció como el futuro de la radio las audiencias comenzaron a poner atención y dejaron de considerar estos medios como un elemento fugaz en la veloz e impredecible internet.
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           La idea de la “próxima gran cosa” constituía medios inestables, medios inestables traían consigo medidas poco fiables y las medición falible trajo consigo nerviosismo por parte de los anunciantes y agencias. La televisión siempre fue televisión, la radio siempre fue radio y los medios impresos siempre fueron impresos. Esa estabilidad permitía proponer esfuerzos de mediano y largo aliento que trajeran consigo resultados regulares a los anunciantes. Era fácil de vender y fácil de observar aunque las mediciones siempre fueran un asunto bastante arcaico y obsoleto. Sólo hay que observar el ejemplo de Nielsen e Ibope. Hoy la “próxima gran cosa” se ve complicada, los espacios están reducidos y las audiencias comienzan a desarrollar cierto tipo de fidelidad por los digital ventures. La identidad que un usuario construye con su medio es en mucho sentido la base más importante de la publicidad. Si A dice que compre X eso garantiza que X es fiable porque A es serio. Por eso el día que los productos milagro empezaron a llenar la pauta en televisión los medios digitales vieron su ventana de oportunidad y empezaron a trabajar en construir o aceptar esa identidad de “autoridad moral” que es tan atractiva para las marcas.
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           El índice de publicidad basura, anuncios truchos y demás joyas que trajo consigo la publicidad en medios tradicionales se encontrará muy pronto, más o menos en la misma proporción, en los medios digitales. Más o menos la misma cantidad de agencias, publicistas y marketeros sobrevivirá en el futuro digital, probando una vez más que vender no se trata de ser creativo, vender se trata de estar donde la gente se hace susceptible a tu mensaje. Hoy la tendencia parece irreversible, es más, vamos a dejarnos de tibiezas, la tendencia es irreversible. Las televisoras se transforman, los periódicos dejan de imprimir y la radio se convierte en el paraíso de las noticias. Algunos fueron listos y utilizaron estos diez años para explorar el mercado digital y seguro encontrarán su lugar, otros compraron los balbuceos de los gurús y hoy consideran reestructuraciones y diversificación como su futuro.
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           Lo único que trae consigo esta transformación es que la diversidad de medios digitales no va a la baja. A pesar de que será difícil encontrar la “próxima gran cosa” es cierto que internet es un terreno mucho más susceptible al cambio que los medios tradicionales. También hay un nuevo factor importante que se llama “estadística” donde casi todos los medios digitales ofrecen a los anunciantes y agencias herramientas (más o menos precisas) para entender el alcance de sus inversiones. Muchas de estas “estadísticas” pueden ser modificadas o presentadas de distintas maneras según lo que se quiera vender, pero la realidad es que el simple hecho de que estos datos existan en un dashboard visible para el cliente cambia la situación de los departamentos de marketing. Si es que asumimos que los departamentos de marketing tiene alguna tendencia a cambiar y no prolongarse como un montón de pájaros en el cableado de la ciudad viendo como las migajas caen y no caen.
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           Lo único que vale la pena entender de todo esta situación actual es la posibilidad que esta transformación trae consigo, así como hace 10 años debimos empezar a explorar el futuro de los medios digitales hoy es importante empezar a explorar el futuro de las audiencias digitales. Entender que los espacios de atención, consideración, relevancia, lealtad y compra irán cambiando conforme la estabilidad de los medios cambie, estar preparado para un futuro más rápido, menos dócil, sin olvidar que un poco de calma a veces está bien. A veces.
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            Publicada originalmente en 2018
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      <pubDate>Tue, 11 Sep 2018 18:07:06 GMT</pubDate>
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      <title>Innovar o sobrevivir</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La innovación sólo existe si es disruptiva
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           La primera vez que escuché la frase “innovación disruptiva” pensé que se trataba de un tratamiento holístico en oferta. Recuerdo haber estado sentado en una reunión improductiva, a veces considero que no existen otro tipo de reuniones, en donde uno de los directivos presentes insistía en que la innovación disruptiva serviría para diversificar la identidad de la empresa y salvaguardarla de competidores más feroces y mejor preparados. Es importante considerar que la innovación como concepto de cultura corporativa suele ser adoptado con mayor facilidad por empresas que están en desventaja financiera o tecnológica y que ante la imposibilidad de igualar el piso buscan soluciones simples para posicionarse de la mejor manera posible ante una posible desgracia. Los líderes no hablan en términos de innovación, los líderes implementan y desarrollan soluciones ad hoc a sus necesidades y en buena parte estas se tratan de procedimientos globalizados o regulados por sus propias áreas internas. Los pequeños requieren un milagro para sobrevivir, los grandes solo requieren mantenerse ahí. Sostenerse y alcanzar son dos estrategias completamente distintas pero la narrativa del mundo siempre nos hace sentir afinidad por el “underdog” y tener la sensación de que en una pelea cualquiera un golpe de suerte puede cambiarlo todo. Los grandes jugadores corporativos saben que no es cierto, no hay tal cosa como un golpe de suerte.
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           Con el pasar de los meses la innovación disruptiva estaba en todas partes. Industria, agencias, consultores, cursos, webinars, todos giraban alrededor de la nueva moda que venía acompañada en la hermosa gestación de post it de colores que permitían mapear las ideas más descabelladas que pudieran surgir en una conversación. Supe que la innovación disruptiva sería una cosa cuando encontré detractores y ruptura entre sus filas. Para que una doctrina se asiente requiere una primera gran desbandada de sus fundadores que se alejen de su creación para oponerse. A esto le llamo yo el truco de la niebla y el espejo. El truco es fácil de describir, primero tienes niebla y después tienes un espejo y conforme se requiera el malabar intelectual uno puede decir que está con la niebla o con el espejo porque al final en términos prácticos se trata de la misma cosa. El problema con la innovación disruptiva es uno principal y sus demás variantes. Para ser disruptivo se requiere fundir procesos y los procesos siguen siendo el cuerpo y alma del mundo corporativo. Si usted quiere ver a un CEO arquear las cejas y buscar el antiácido dígale que el problema central de su objeto de negocio reside en los procesos y se tendrá, de manera casi inmediata, un manojo de nervios que se transformará de manera inmediata en una máquina de impedir.
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           Es difícil comprender cualquier gestión corporativa. Desde afuera todos agitan los puños y enarbolan con la simplicidad que produce no estar vinculado al capital soluciones simplonas para problemas que tienen una complejidad tan grande como puede ser la relación entre seres humanos. Decirle a una empresa que su departamento A es el problema central de su operación puede parecer un diagnóstico útil desde la perspectiva vertical que da la posición de consultor. Sin embargo esa perspectiva vertical en realidad es trasversal para el encargado de implementar las recomendaciones del diagnóstico. Si el departamento A es el problema de la operación y genera una perdida igual a X cualquier empresa tiene que determinar, antes de implementar un diagnóstico, si las ventajas de solucionar el problema de A superan el valor de X a mediano plazo. Sobre todo si se considera que casi ninguna empresa que acuda a la innovación como una solución tiene garantizada su subsistencia más allá de dicho mediano plazo. Si el costo de implementar es mayor que X una enorme parte de las empresas decidirá mantener el departamento A intacto y tratar de recuperar la pérdida en mejorar o eficiente los procesos de otros departamentos. ¿Por qué? Simple, porque el departamento A existe y también el B y el C y por lo tanto los recursos están a disposición para intentar una maniobra que si bien se vuelve compleja también evita el conflicto natural en la intervención que suele conllevar uno de esos diagnósticos.
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           La innovación es un lujo en la mayor parte de las empresas y las empresas que se pueden dar ese lujo normalmente no requieren innovar ninguno de sus procesos. No estoy diciendo que la innovación por si misma sea una mala idea, al contrario, creo que es importante el replanteamiento constante de los procesos para mejorar dramática las posibilidades de crecimiento y/o subsistencia en las empresas actuales. Pero no por mi entusiasmo puedo dejar de ver la enorme desventaja que presenta ante los ojos de un CEO o dueño de empresa pequeña o mediana la vorágine que traerá consigo implementar este tipo de nuevos procesos. Sobre todo si se trata de una empresa que de hecho hace dinero. No hay nada más difícil que convencer a alguien que hace dinero de que se le puede enseñar a hacer dinero y posiblemente tengan razón. La innovación disruptiva y sus variantes no dejan de ser herramientas e instrumentos que pueden servir para mejorar y, por lo tanto, también para empeorar. El riesgo es alto. Quizá valdría la pena empezar a considerar que los creyentes de este tipo de implementaciones requieren reconocer e identificar la verdadera identidad de una empresa antes de intentar mover sus piezas. Porque si bien la teoría les dice que sus proceso de innovación se orientan de manera orgánica dentro de una empresa, también es importante entender que eso de orientarse en un puerto sin faro se parece mucho más a la realidad de sus propios clientes.
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            Publicada originalmente en 2018
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      <pubDate>Sun, 03 Jun 2018 17:38:11 GMT</pubDate>
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      <title>¿Qué es Facebook?</title>
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      <content:encoded>&lt;h3&gt;&#xD;
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          El tío Zuckerberg terminó siendo el más raro de la boda.
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  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Posiblemente esta sea la pregunta que más respuestas rápidas tiene y al mismo tiempo una de las menos pensadas en relación con la importancia que guarda y guardará en el futuro inmediato con el desarrollo emocional de los seres humanos. Llevo mucho tiempo pensándolo y creo que la única cosa que se me ocurre que puede describir a Facebook es que es la primera nación del siglo XXI.
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    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Entendiendo que actualmente solo podemos dibujar una nación desde un principio geográfico, étnico, cultural o lingüístico y que dicha definición se niega a reconocer los cambios que la migración masiva de los últimos treinta años han traído consigo es momento quizá de replantearnos el uso de nación como un nuevo tipo de configuración social y, principalmente, emocional. Actualmente una nación debería considerarse como la comunión de personas de distintas etnias, lenguajes y emociones que puede traspasar las fronteras geográficas de un territorio determinado. Nadie puede negar que los mexicanos en México y sus paisanos en Estados Unidos conforman una nación; nadie debería poner en tela de juicio que los franco africanos en sus países de origen y los franco africanos en países europeos conforman también una nación que ha superado los gentilicios y las relaciones espacio temporales. Si podemos reconocer esos dos principios tendríamos que reconocer también que Facebook es una nación que agrega algunos elementos peculiares a la transformación que trajo consigo la red 2.0 o la red de redes.
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    &lt;/font&gt;&#xD;
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    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Si estamos dispuestos a aceptar esta idea, tendríamos entonces que reconocer también que Facebook es la nación más grande en la historia del planeta Tierra. Jamás ningún imperio o sociedad de naciones previa consiguió mantener una estabilidad que le permitiera acercarse a los números que Facebook representa hoy: más de dos mil millones de personas son usuarios activos del gigante. Eso son 700 millones más que los ciudadanos que tiene China e India. Más de 10 veces la población de México, más de 50 veces la población que tiene España y más de 5 veces la población actual de Estados Unidos. Jamás nos habríamos enfrentado a una sola entidad que tuviera bajo su control una mayor cantidad de personas en todo registro escrito que podamos encontrar en el mundo. Quizá por eso me sorprende tanto la ingenuidad con la que la gente se acerca a Facebook, porque me recuerda la misma ingenuidad con la que se acerca a sus gobiernos, electos o impuestos, con la esperanza de que desde la bondad de su corazón (imaginando que estas entidades en realidad se comportan como individuos) ayudarán a sus ciudadanos a tener vidas mejores.
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Facebook, como una buena parte de los gobiernos, no es bueno o malo por definición. De hecho esta diseñado para nunca alcanzar ninguno de los dos polos con los que solemos describir todo lo que nos rodea. Facebook hace lo mejor por Facebook y por ende solo puede ser comparado con las decisiones estatales que se fundamentan en la ridícula pero imbatible idea del bien común. Esta tesis central ha sido el artífice de una gran mayoría de los logros y desgracias que la humanidad puede recordar, la sensación de que alguien toma decisiones que afectan tu vida de una manera negativa y se justifica enumerando la cantidad de personas que se ven beneficiadas por esa misma medida ha servido para justificar desde alzas en impuestos hasta limpiezas étnicas. Hitler pensaba tanto en el bien común como lo hacía Gandhi, Somoza hablaba del bien común tanto como lo hacía Allende, Franco pensaba que el bien común era tan importante como Lázaro Cárdenas. Es decir, la idea del bien común no es un problema si tenemos la suerte de que ese bien común sea imaginado por una persona con escrúpulos con cierta formación humanística y no traiga consigo defectos tales como racismo, clasismo y la idea de un derecho divino de unos por encima de los otros. Es difícil definir que tipo de nación es Facebook porque es difícil entender su configuración estatal y la relación que guarda con las ideas generales que tenemos sobre lo que está bien o mal.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Lo que si es claro es que las similitudes que guardan los estados con Facebook en relación al pensamiento generalizado de sus naciones son tan parecidos que terminan, siempre, en parecernos tan obvias que nos vemos incapacitados para juzgarlos o entenderlos de la misma forma. Una gran parte de los ciudadanos de distintas naciones creen que todo aquello que los rodea es gratis, las aceras son gratis, los postes de luz son gratis, los árboles son gratis, el agua es gratis, los caminos, semáforos, puentes, basureros tomas de agua y demás detalles que están a nuestro alrededor parecerían dar esa sensación. La realidad es que nada es gratis, alguien lo está pagando y en unos buena cantidad de casos nosotros lo estamos pagando. Votos, impuestos, aportaciones, ideas, inventos, propiedades todo suma al pago de esta incontable cantidad de cosas que hacen la vida en las ciudades llevadera y en muchos casos muy agradable. Bueno pues, seamos sinceros, Facebook es exactamente igual en este sentido. Nada es gratis en Facebook y alguien, o posiblemente todos, lo estamos pagando con la cosa más valiosa que podríamos encontrar: nuestra identidad. La gente tiene una obsesión con la cantidad de información que Facebook tiene de nosotros, el caso Cambridge Analytica, puso un enorme haz de luz sobre esta verdad y si bien estoy seguro que la gente en Facebook está preocupada por el escándalo también puedo apostar que la tranquilidad que produce lo imposible que sería que desaparecieran los tranquiliza al final de cada reunión para el manejo de crisis. Pero la realidad es que Facebook no adquiere información, Facebook adquiere identidades y conforme pasa el tiempo, como en la vida, esas identidades se enriquecen y se transforman.
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  &lt;/div&gt;&#xD;
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    &lt;br/&gt;&#xD;
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    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Los estados también han intentado adquirir nuestras identidades, desde la huella dactilar hasta la información biométrica, distintas instituciones han intentado diseñar sistemas que funcionen con base en la identidad que los ciudadanos tienen y las distintas relaciones que guardan con eventos naturales, artificiales, coyunturales o falsos. Sin embargo ningún estado, excepto quizá China, ha alcanzado el nivel de conocimiento de las identidades de sus habitantes como lo ha logrado Facebook. Pasaportes, DNI, Credencial para votar, todos son instrumentos de identidad que los gobiernos proporcionan a sus ciudadanos con la intención de aumentar el control y previsión que pueden tener sobre los mismos, esto se ha logrado vinculando los sistemas económicos con dicha identidad: No puedes cobrar un cheque o abrir una cuenta de banco sin identificarte plenamente y cada día se le permite a menos personas y empresas pagar salarios si no es a través de un banco, eso no es un asunto de seguridad, es un asunto de identidad y registro de ciudadanos que avanza siempre hacia el totalitarismo. Entonces ¿Por qué si los estados llevan años intentando identificar a sus ciudadanos de la manera más compleja que puedan no han conseguido el nivel de datos que tiene Facebook? Simple, porque Candy Crush es mucho más atractivo para las personas que tener una cuenta de banco o salir del país. No nos equivoquemos, el 90% de la información que Facebook ha usado para adquirir tu identidad se las diste con gusto y sin ninguna preocupación, en muchos de estos casos Facebook te advirtió que tomaría esa información y la usaría y aún así se la diste con gusto. ¿Por qué? Porque así como tu vida es más simple con acercas, árboles y semáforos, tu vida es mucho mejor con Facebook.
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Todos los usuarios de Facebook del mundo estaban a un click de entender las repercusiones que aceptar esos términos tendrían. Si tienes Facebook tienes Google y si puedes buscar a una persona en Facebook puedes buscar información en un buscador y por lo tanto hay que reconocer que así como en su relación con el Estado, las personas tenemos muy poco interés en el daño que nos va a generar conseguir un beneficio inmediato como es formar parte de la red de personas más grande del mundo. Con tal de no tener que ver a tu tía en persona los domingos y solo darle like a sus fotos de vez en cuando dejaste que Facebook supiera casi todo lo que es importante saber de ti: tus hábitos, tus tendencias, tu ideología, tus secretos, tus infidelidades, tus fracasos y tus éxitos; y casi todo eso lo diste porque pensaste o no te molesto averiguar para que diablos lo podrían usar y que pasaría con tu vida una vez que los usaran. Piénsalo un segundo, eso se parece mucho a la vez que votaste por ese candidato que parecía ser sincero y que si te hubieras molestado en averiguar un poco más o enterarte un poco más probablemente nunca lo hubieras votado. Pero igual que soportaste al candidato quejándote de vez en cuando por cualquier medio posible así también vas a soportar a Facebook sosteniendo la esperanza, quizá idiota si he de ser sincero, de que un día procurarán tu bienestar y felicidad. Sinceramente creo que las posibilidades de que Facebook procure tu felicidad son casi las mismas que existen de que un candidato político piense en tu persona por encima de su propia idea del bien común.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Y entonces vienen las preguntas de siempre, ¿si los candidatos saben que puedes votar a otro por qué les importa tan poco tu bienestar? Simple también, porque saben que si no los votas a ellos votarás a otros que forman parte del mismo sistema y que por principio de equidad evitarán generar leyes o instancias que dañen a los perdedores porque un día, cualquier día, ellos también pueden perder y verse destruídos por las mismas herramientas que crearon. En menos palabras: porque si escupes al cielo un día te va a caer tu propia saliva. Facebook tiene la misma certeza o al menos debe estar cerca de tener la misma certeza. Posiblemente Facebook ya sabe que nunca habrá otro Facebook y que en ese sentido más de la mitad de las personas que que hoy viven ahí lo harán hasta el día de su muerte. No hablo de los usuarios jóvenes, poquito menos jóvenes y casi ya no jóvenes que tenemos cierto ímpetu y agilidad digital para movernos y cambiar nuestros hábitos, hablo de la enorme masa que representan los claramente ni de cerca jóvenes que engrosan hoy en día las filas de esta nueva nación. Tu padre no buscará otro Facebook, con trabajos aceptó este y ahora que está ahí, así como casi siempre vota al mismo, no piensa moverse y eso te obligará a mantenerte en esa relación digital si es que no quieres dar el salto al mundo análogo del que llegaste huyendo. Tus abuelos, tus tías, tus primas mayores, tus hermanos, muchísima gente no dejará Facebook hasta que Facebook desaparezca y probablemente cuando eso pase vivirán el resto de sus vidas en la forma en que siempre quisieron vivirlas: de manera análoga. ¿Recuerdas tu vida análoga? ¿Recuerdas cuando eran llamadas y no mensajes de texto las piedras angulares de tus relaciones personales? ¿Sientes ese pánico que te generaría volver a esos tiempos? Bueno, como todo lo demás, es posible que Facebook también sepa eso de ti.
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    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Así que como hoy las recibes de tu gobierno en los desastres naturales y actos de corrupción, recibirás un montón de disculpas por parte de Facebook, quizá un día ya no sea Zuckerberg la cara que se disculpa y tengan otra más amable o menos polémica, pero lo que si creo que ocurrirá durante mucho más tiempo del que estamos dispuestos a considerar es que Facebook abusará sistemáticamente de tu identidad conforme su verdadero objeto de negocio se mantenga como hasta hoy, porque hoy si Facebook no una nación al menos si es el mercado más grande del mundo y casi cualquier intento por identificar audiencias o públicos objetivos tendrá que pasar por ellos porque, aunque se las quites, guardarán una copia de tu identidad digital y eso es suficiente para que cualquier marca o producto sepa todo lo que hay que hacer para que gastes dinero en su propio beneficio y, si tenemos tantita memoria histórica, tiene mucho tiempo que esa relación gasto-ciudadano rige políticas sociales, humanas y emocionales.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Así que cuando leas los mil y un consejos para evitar que Facebook siga extrayendo información para conformar tu identidad pregúntate cuantas de esas variantes has leído para evitar que tu gobierno abuse de ti porque es muy posible que la realidad del éxito entre conservar tu privacidad y tener un gobierno honesto sean la misma y que esa probabilidad también se parezca mucho al 0. 
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;span&gt;&#xD;
        &lt;div&gt;&#xD;
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      &lt;div&gt;&#xD;
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    &lt;/span&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Fri, 27 Apr 2018 04:58:48 GMT</pubDate>
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      <title>¿Cuántos autores se necesitan para hacer dinero?</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Los autores no existen son tus padres.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/h3&gt;&#xD;
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&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Autores.jpg"/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
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  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Érase una vez que era un autor. Aunque quizá debería decirlo, no hay una palabra más confusa en el mundo del contenido como la palabra autor. La confusión reside no en la etimología o significado de la misma, sino en el resultado que obtienes al someter dicha palabra al proceso de creación de un contenido y su posterior comercialización. Un autor, en el entendido público, es la persona que crea un contenido desde su conocimiento y/o imaginación. En la práctica un autor es la persona que recibe el 10% (con suerte) de la comercialización de un contenido que ha creado desde su conocimiento y/o imaginación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es decir, si somos ingenuos podemos preguntarnos como es que alguien que ha creado el 100% de un contenido puede solo remunerarse con el 10% del valor que tiene vender dicho contenido, más allá de eso podríamos preguntarnos como es que una persona que retracta un libro puede ganar más dinero mensual que lo que un autor puede generar de la venta de ese contenido en un año, ya rayando en la locura podríamos cuestionar como es que un autor no puede aspirar a vivir de la generación de ese contenido sin importar la cantidad de unidades de reproducción que dicho contenido venda. La respuesta que da el sistema es simple, un autor sólo es una pequeña pieza en el engranaje que contiene la venta y distribución de ese contenido. Vender algo es más valioso que crearlo y ese punto esencial es el que trastoca todo el tema de la existencia de los autores y el valor que generan a la cadena de los contenidos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Esta cuestión resuelve la proliferación de autores. El sistema requiere de miles de personas dispuestas a someterse a la ingratitud de la creación de un contenido al menos una vez para poder sostener la necesidad del público en general sobre dichos contenidos. Si todos fueran Stephen King o Isabel Allende la industria del libro hubiera tenido que cambiar de modelo financiero hace mucho tiempo. Si asumimos que la creación de un sistema de distribución y comercialización de contenido se diseña para vender una unidad o vender 5 mil unidades y que lo único que se necesita es escalar el volumen de operación para poder adaptarse a los requerimientos del aumento repentino en la demanda, entonces también reconocemos que dicho sistema puede funcionar para vender 50 mil unidades de un título o 50 unidades de mil títulos. Aún mejor, podemos reconocer que el sistema está diseñado específicamente para infravalorar la creación para potenciar las mismas virtudes del sistema y después repetirlo hasta el cansancio y conseguir con esto que se considere un axioma que el autor sólo merece el 10% del total de las ventas de su obra.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero entonces, ¿por qué un autor no puede salirse del sistema e intentar distribuirse a si mismo? Bueno, porque lo hermoso de los sistemas es que en muchos casos tienen redundancias diseñadas para evitar que otro sistema pueda interferir en su operación o, más simple, porque obviamente los autores solo participan con el 10% del valor que tiene el consumo de contenido. Si no me lo creen prueben a escribir la mejor idea del mundo, escríbanla en un papel y después traten de vender ese papel y me cuentan como va ese negocio. El sistema, antes que nada, sustenta la existencia de un contenido en el envase donde ese contenido existe. La mayor defensa posible sobre el papel para el libro reside en que la existencia de un libro en papel categoriza automáticamente ese contenido como algo avalado por otra persona que ha invertido en la creación de una estructura que lo avale y al final ha puesto su firma en ello para decir: esto que se llama libro es un libro porque yo hago libros y lo estoy firmando yo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La diferencia entre una película que ven 100 millones y una película que ven 100 mil personas no reside en la calidad o valor que dicha película contiene dentro de si. En realidad la diferencia se genera a través de los avales comerciales que trae consigo el contenido. Todos esos logos y nombres de compañías que vemos antes de que Iron Man salga a pantalla son mucho más valiosos que la película en si y el orden en que aparecen en pantalla es un fiel reflejo de eso. Los nombres de las productoras al principio de las películas y de los libros en la portada son la manera en que el sistema le recuerda a la gente: esto que está aquí existe gracias a mi y solo puede existir si yo lo decido. El autor de una película, excepto en casos super extraños, es tan irrelevante como el nombre del tipo que ponía la comida en el set de filmación. Es ridículo para algunos y consecuente para otros, la realidad es que en la inmensa mayoría de los casos ser autor de algo vale menos del 10% del valor comercial de ese algo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           También resulta un poco increíble reconocer que las plataformas alternativas para que autores rompan con ese sistema tienen apenas 10 o 20 años en función. Si bien la autoedición de libros existe mucho antes que la existencia de las editoriales no fue sino hasta la llegada de plataformas dispuestas a comercializar esas autoediciones que el concepto tomó forma, y es ahí donde también reside la debilidad del autor. Si mañana las plataformas de comercialización o financiamiento de contenido independiente decidieran dar un giro y ponerse a vender jabones, a pesar de que algunas de hecho también venden jabones, el alcance de la autoedición de contenido regresaría a su lugar de invisibilidad donde habitaron 600 años. El autor no controla los medios de distribución y por lo tanto no controla su futuro financiero, esa es la razón por la que un autor no puede vivir de su creación en la enorme mayoría de los casos y, regresando al imperceptible yugo del cinismo, también es la razón por la que no debería lograrlo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Qué camino tiene entonces el autor para alcanzar una vida decente sostenida sólo por la creación de su contenido? Simple, tiene que convertirse en autor, orador, presentador, cómico, inversor, editor y asistente de todos los anteriores. El autor tiene que controlar la audiencia y esa audiencia tiene que reconocerlo a él por encima de su propia creación. Los poquísimos ejemplos de autores que viven de su creación incluye personajes que tienen una resonancia en el mundo de la creación así como en el mundo del marketing y el mundo de las ideas y el mundo de las opiniones, son agentes multifacéticos que terminan invirtiendo en sus creaciones apenas el 10% de su tiempo. Simetría pura al servicio del sistema.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La realidad es que la digitalización del contenido sólo ha demostrado tener una virtud imperante en beneficio de los creadores. La era digital permite que generar un personaje que se relacione directamente con sus audiencias sea posible. Sé que aquí hay muchas personas que consideran que usar palabras como fácil o accesible suena mejor, la realidad es que no es ni fácil ni accesible, sólo es posible y esa posibilidad por si misma podría traer consigo un cambio en las condiciones en que un autor se relaciona financieramente con su contenido. Hace 15 años que se viene pregonando la importancia de los “seguidores” en el mundo digital, eso es mucho tiempo discutiendo si en realidad la relación que los autores generan con su audiencia retribuye de manera práctica en la capacidad que tiene dicho autor para relacionarse con la venta de su contenido. Pero aquí es donde la redundancia más ridícula del sistema entra en juego. Los autores no lograron hacer relevante esa relación con sus seguidores porque estaban muy preocupados en cuidar su reputación y legitimidad. La idea de la legitimidad de un autor proviene de caminos distintos y confusos, unos la colocan en su calidad, otros en su trabajo, otros en la crítica que las dos anteriores y residen y, muchos más, en quién avala su propia creación.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Si el sistema es dueño de la legitimidad del contenido no importa cuál sea la relación de los autores con su audiencia porque sus posibilidades seguirán limitadas. Esto quizá es mucho más marcado en el sistema hispanoamericano donde la legitimidad y la reputación permite monetizar actividades ajenas a la creación y cierra el circulo infinito. Un autor que solo gana el 10% de la venta de su contenido porque el sistema funciona así necesita encontrar otras fuentes de ingreso que provienen de la legitimidad y la reputación que el sistema les da. Ahí es donde los mismos autores reconocen que la creación del contenido tampoco vale más del 10% del valor comercial del mismo, de hecho probablemente coloquen un número entre el 30 y el 50% del valor comercial de su contenido en la reputación y legitimidad que les otorga quién se queda con el 90% restante. Podríamos discutir si en realidad es importante que un autor gane más del 10%, sería una discusión larga e infructuosa, sobre todo si reconocemos que el sistema ha sido abierto y claro al respecto. Primero se construyen unos robots que generen contenido que permitir que unos cuantos inseguros y sometidos personajes vengan a meterse con el ROI anual de su sistema.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2018
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Tue, 24 Apr 2018 04:35:04 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>El Click y la Furia</title>
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      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No importa el color de la jaula para el que la habita
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/El+click+y+la+furia.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Para qué le han cambiado de nombre si no es para que cambie su suerte?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            William Faulkner, The Sound and The Fury
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Nada es tan confuso como el éxito en el universo digital. Una de las pocas promesas que se cumplieron en la era 2.0 fue que el cambio ocurriría mucho más rápido que la capacidad de los especialistas para adaptarse. Nada ha sido tan variable para las personas, agencias y marcas como definir cuál es el valor detrás de la pauta digital. Desde el ser visto, ser escuchado, ser considerado, ser seguido, ser aceptado y ser comprado hemos sido testigos de un viaje tan cuestionado como la llegada del hombre a la luna. Los mismos periplos se manifiestan, donde algunos ven innovación y tecnología otros ven cables y estudios de televisión. En más de una conversación me he visto sometido a preguntas férreas sobre la veracidad del éxito de la pauta en medios digitales y la consecuente comparación con medios masivos tradicionales. Por principio me gustaría decir que mi postura no es la de aplaudir los éxitos del mundo digital o desestimar el alcance de los medios tradicionales, en realidad para mi se trata de dos animales muy distintos y una serie de expertos que se empeñan en meterlos a la misma jaula.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           El problema de la jaula es quizá el epicentro de mis noches de vela. Si bien comprendo a grandes rasgos la necesidad de equiparar los resultados entre uno y otro medio, sobre todo para tranquilidad de la gente a cargo de los presupuestos en las marcas, me encuentro constantemente preocupado por la incomprensión que el diseño de la misma jaula provoca en las conversaciones. Los medios masivos del siglo XX siempre sustentaron su éxito en la capacidad que tenían de poner al espectador frente a la televisión, radio o medios impresos masivos. La lógica era simple, si alguien ve la televisión o escucha la radio dedicará un porcentaje considerable de su atención a las marcas y productos que se anuncien en ella. Los medios digitales no funcionan así, por principio porque están diseñados para transformar la atención que los usuarios vinculaban a los medios tradicionales con la esperanza de adquirir esas audiencias y después presentarles versiones modernas de la misma injerencia sobre tendencias y productos. Los medios tradicionales tenían anuncios donde los medios digitales tienen influencia. Una jaula completamente distinta.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Donde no me queda otra más que coincidir con la vieja guardia tradicional es que si bien las jaulas son distintas el zoológico es el mismo. El sistema geopolítico que abrió la puerta a la publicidad en medios tradicionales sigue siendo el mismo que permite a los medios digitales monetizar las audiencias a través de pauta. Comprar y por lo tanto ser sigue siendo la regla de oro y por ende el objetivo alrededor del que se construye casi cualquier estrategia. Las necesidades de Procter &amp;amp; Gamble no han cambiado a la misma velocidad que los medios y por lo tanto es solo natural que las exigencias que Procter tiene no se alejen tanto del eje principal con que se manifestaron en la segunda mitad del siglo XX. La gente puede comprar por distintas razones pero eso no es tan revolucionario o novedoso como tanto gurú trata de empujar. Fuera del primer refrigerador para apartamentos con eficiencia eléctrica el resto de los refrigeradores que han venido después sirven para satisfacer un deseo y no una necesidad, donde antes se compraban autos para viajar por el país hoy se consume televisión OnDemand para viajar por la imaginación. Donde antes se compraban libros para generar emociones hoy se lee la vida privada de familiares y amigos para buscar la misma empatía emocional que el extraño trae consigo. Ideas como otredad, deseo, amor y bienestar brincan de bien y servicio conforme esos bienes y servicios van saturando el mercado donde nacieron.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
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    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Donde las dudas resaltan y se manifiestan como objetos indivisibles al momento de hacer el balance anual es en la falta de equivalencias entre el deseo de tener el mejor televisor de tu barrio hacía tener el televisor más ecológico del mismo. Los fabricantes de televisiones no necesariamente han agregado nuevos componentes a sus productos en la misma magnitud en que han aprendido a resaltar dichos componentes conforme el interés de sus clientes cambia. Si en 2010 comprabas un televisor gigantes para ver el mundial ahora tratan de convencerte de comprar un televisor gentil con el medioambiente para ver el mundial 2018. Si antes se buscaba vender álbumes de estampitas para niños sobre el mundial en Sudáfrica ahora buscan vender nostalgia para adultos en el mundial 2018. Si bien la jaula es distinta, el zoológico sigue siendo el mismo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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           Al mismo tiempo la incredulidad se sostiene. Quienes toman las decisiones y quienes ven las tendencias rara vez coinciden en donde las decisiones se toman. Si bien el lenguaje se ha asimilado y cosas como ROI y KPI se siguen utilizando para definir estrategias cada día es más claro que los que deciden y los que proponen consideran estos términos desde distintas ópticas. La pregunta entonces podría irse sosteniendo desde otro ángulo ¿Son reconciliables las visiones de los medios tradicionales y los medios digitales? O bien, si queremos ir un paso más allá ¿Realmente importa que estas visiones se reconcilien? Dos preguntas que parecen importantes para definir el futuro de la inversión publicitaria en medios y al mismo tiempo dos preguntas que solo sirven para allanar congresos y llenar blogs como este. Tengo la sensación de que las verdaderas preguntas no quieren hacerse, que el miedo de descubrir que el emperador va desnudo por la calle es mucho mayor a los beneficios que representa entender esa desnudez y su relación con un futuro inmediato para las nuevas marcas y posiblemente intrascendente para las viejas. Regreso un poco y reformulo, la jaula no es la misma, el zoológico si pero es momento de empezar a preocuparnos por el acuario que se está poniendo enfrente y que podría, sin mucha imaginación, terminar llevándose para su propio beneficio a toda esta gente que aún paga las cuentas. 
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
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    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Este texto se publicó en 2018
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    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
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      <pubDate>Wed, 11 Apr 2018 04:46:49 GMT</pubDate>
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      <title>La tierra es plana y el olor a papel es único</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La tierra no es plana. No sea tonto
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
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  &lt;h3&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/La+tierra+es+plana.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            There is a kind of tunnel vision once you start believing what the world looks like.
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            John Davis — The Flat Earth Society
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           El
           &#xD;
      &lt;a href="https://www.washingtonpost.com/news/speaking-of-science/wp/2018/03/25/an-amateur-rocket-maker-finally-launched-himself-off-earth-now-to-prove-its-flat/" target="_blank"&gt;&#xD;
        
            24 de marzo de 2018 Mike “Mad” Hughes decidió lanzarse en un cohete
           &#xD;
      &lt;/a&gt;&#xD;
      
           para probar que la tierra es plana. El plan de Mike es simple, amarrarse a un cohete lanzarlo por encima de 52 millas y probar de una vez por todas que no hay tal cosa como la curvatura de la tierra sin importar la altura que se alcance.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Por principio Mike posiblemente esté loco, por el final es casi seguro que Mike Hughes sea un ignorante que por azares del destino se ha convertido en un negacionista que prefiere las opiniones a los hechos, cosa tan de moda en el mundo actual que hasta tenemos presidentes aficionados a tales disparates. Estoy casi seguro que el 99% de los lectores de este sitio estarán de acuerdo conmigo, incluídos unos cuantos negacionistas que de alguna manera dejan que sus opiniones sean tan ligeras como las de “Mad” pero que ante la abrumadora realidad sobre la redondez del planeta se sienten ajenos a esta ridiculez.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           El verdadero problema actualmente es que las certezas con las que conservamos la estaticidad de nuestro universo se han ido convirtiendo lentamente en disparates inexplicables pero bien defendidos. Tomemos el ejemplo más cercano a la razón de existir de este sitio: el libro electrónico. A estas fechas en que varios despistados confunden el hundimiento de la palabra escrita como medio de comunicación y entretenimiento con el fracaso de uno u otro formato, se habla con fuerza de la “reivindicación del papel” como si el santo Grial proviniera de tierra santa y no de Monty Python. Si bien las ventas en papel siguen sosteniendo un porcentaje mayor en comparación con las ventas en formatos digitales, la realidad es que el número más evidente en casi cualquier estadística es que el consumo de libros va en franca picada en solitario y mucho más evidente en comparación con el consumo de conocimiento y entretenimiento en otro tipo de productos.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Por principio, para los amantes de los libros (sic), la pregunta más básica tendría que ser: ¿Es el libro electrónico un mejor formato que el libro que el papel? La respuesta en los hechos es simple: si. ¿Esa superioridad es motivo suficiente para cambiar la tracción de una costumbre? La respuesta vuelve a ser muy simple: no. ¿Hay una correlación entre ambos hechos o, una niega a la otra? Por supuesto que no, a menos que empecemos a considerar que la incapacidad para vislumbrar el horizonte curvo de la tierra sea prueba fehaciente de que la tierra es plana y entonces si, que nos de por la alegria absoluta de lanzarnos en cohetes en el maldito desierto del Mojave.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           El libro electrónico como principio y ejecución solucionaba muchos más problemas de los que creaba. Considerando que las tres amenazas del libro impreso eran la distribución, los cambios en los hábitos de consumo y el uso constante de recursos no renovables y su fehaciente encarecimiento, el ebook solucionaba en sus etapas más tempranas casi cada uno de ellos. El replanteamiento de la venta de libros en pos de la inmediatez, obsesión previamente adquirida por el libro en papel, solucionaba también el dilema que trae consigo la distribución en países donde la extensión física presentaba un impedimento total al acercamiento de nuevos y posibles lectores con el libro. ¿Es mejor tener libros en todas partes al mismo tiempo que tener algunos libros a veces en ciertos sitios? Si. A pesar del sueño guajiro (léase ridículo para los ajenos a la mexicaneidad) de que se deberían procurar más librerías por habitante en el mundo, la realidad es que ninguna tendencia de consumo avala la posiblidad de éxito de un proyecto de tal guajirez. Toda la industria de consumo se ha visto derrotada por la obsesiva expansión de espacios físicos a zonas rurales de difícil acceso, mantenimiento y administración. Así que por ahí el libro electrónico sonaba a una mejor idea porque, a final de cuentas, lo más simple casí siempre es lo más fácil aunque no se vea el horizonte curvo del planeta.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Honestamente tenemos que reconocer que los detractores del libro digital provenían más del lado del negacionismo que del lado de la lógica. Pongamos que les sigue pareciendo más práctico moverse con 450 grs en la mano en un mundo donde la tendencia a usar un transporte público más aconglomerado en lugar de cargar 75 grs que se podían guardar en la simplicidad del bolsillo. Eso si decretamos que el hecho de ya cargar esos 75 grs en el bolsillo para otros menesteres simplificaba aún más el tema de la portabilidad y la constante disminución de los tiempos de lectura en al vida diaria. ¿Era más fácil decirle a la gente: “saque usted el cacharro y lea” que pedirle que cumpliera el malabar del libro, la agarradera y la ley de Newton? Si, maldita sea si.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           El libro electrónico nunca fue perfecto, hoy es más un adolescente de 1.80 que un adulto de 1.70 y eso conlleva torpeza, fragilidad y volubilidad. Pero siendo honestos de los tipos móviles a la impresión directa a placa nos pasamos unos cuantos cientos de años, el libro en papel tampoco fue perfecto en su nacimiento como formato. Aunque los dos son similares en la cuestión más primitiva: el libro (físico o digital) eran perfectos en su contenido. Y por ende, trabajó tanto el papel en perfeccionar su contenedor físico; es triste pensar que quizá jamás le permitimos al digital alcanzar esa belleza.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Siendo claros, es muy posible que los papeloplanistas estén mucho más interesados en ser vistos con un libro que en leerlo. Porque siempre ha sido mucho más erótica la soberbia de la lectura que la pasión por las letras y desde hace un rato que ser hipster y ser lector se parecen mucho más que ser lector y chica de oficina. Esto les pasa de largo porque necesitan que les pase de largo, consideran la gentrificación de la lectura un gesto espontáneo utilizando los mismos conceptos que uno que otro astrónomo renacentista. Hay más claridad en la relación hipster-lectura como resultado de la gentrificación de la cultura que en la relación niños-lectores por la manutención de la tradición impresa. El lector leerá, el consumidor de libros ¿quién sabe?.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Finalmente es importante hablar de la obsesión de la humanidad con la tradición. Ser terraplanista en el siglo XVI era mucho más cómodo que ser terraplanista en el siglo XXI. El negacionismo no nace de la lógica o el análisis abierto de los fenómenos, nace de la tentación de sentirse diferente por ir en contra los resultados concretos de una evolución técnica y humana. Considerar el cambio de formato en la palabra escrita un atentando a las costumbres, usos y fetiches del lector se parece mucho más al oscurantismo que al humanismo. Como hoy se defiende el papel para el libro se han defendido cosas terribles en el pasado, pero claro que esto al negacionista no le acomoda porque no va a andar diciendo por la vida que la tierra es plana, no vaya a ser que lo tiren de loco. Perdimos muchas cosas valiosas en la humanidad por abrazar una tradición que sentimos se transforma en identidad y ahora deberíamos temer seriamente que podemos perder el libro para salvar el papel, aunque esto tranquilice a tanto por ahí que sigue pensando que si no ve el horizonte es porque la tierra es plana. ¡Hágame usted el jodido favor!
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
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           El 24 de marzo de 2018 Mike “Mad” Hughes decidió lanzarse en un cohete para probar que la tierra es plana. El plan de Mike es simple, amarrarse a un cohete lanzarlo por encima de 52 millas y probar de una vez por todas que no hay tal cosa como la curvatura de la tierra sin importar la altura que se alcance.
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           Por principio Mike posiblemente esté loco, por el final es casi seguro que Mike Hughes sea un ignorante que por azares del destino se ha convertido en un negacionista que prefiere las opiniones a los hechos, cosa tan de moda en el mundo actual que hasta tenemos presidentes aficionados a tales disparates. Estoy casi seguro que el 99% de los lectores de este sitio estarán de acuerdo conmigo, incluidos unos cuantos negacionistas que de alguna manera dejan que sus opiniones sean tan ligeras como las de “Mad” pero que ante la abrumadora realidad sobre la redondez del planeta se sienten ajenos a esta ridiculez.
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           El verdadero problema actualmente es que las certezas con las que conservamos la estaticidad de nuestro universo se han ido convirtiendo lentamente en disparates inexplicables pero bien defendidos. Tomemos el ejemplo más cercano a la razón de existir de este sitio: el libro electrónico. A estas fechas en que varios despistados confunden el hundimiento de la palabra escrita como medio de comunicación y entretenimiento con el fracaso de uno u otro formato, se habla con fuerza de la “reivindicación del papel” como si el santo Grial proviniera de tierra santa y no de Monty Python. Si bien las ventas en papel siguen sosteniendo un porcentaje mayor en comparación con las ventas en formatos digitales, la realidad es que el número más evidente en casi cualquier estadística es que el consumo de libros va en franca picada en solitario y mucho más evidente en comparación con el consumo de conocimiento y entretenimiento en otro tipo de productos.
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           Por principio, para los amantes de los libros (sic), la pregunta más básica tendría que ser: ¿Es el libro electrónico un mejor formato que el libro que el papel? La respuesta en los hechos es simple: si. ¿Esa superioridad es motivo suficiente para cambiar la tracción de una costumbre? La respuesta vuelve a ser muy simple: no. ¿Hay una correlación entre ambos hechos o, una niega a la otra? Por supuesto que no, a menos que empecemos a considerar que la incapacidad para vislumbrar el horizonte curvo de la tierra sea prueba fehaciente de que la tierra es plana y entonces si, que nos de por la alegría absoluta de lanzarnos en cohetes en el maldito desierto del Mojave.
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           El libro electrónico como principio y ejecución solucionaba muchos más problemas de los que creaba. Considerando que las tres amenazas del libro impreso eran la distribución, los cambios en los hábitos de consumo y el uso constante de recursos no renovables y su fehaciente encarecimiento, el ebook solucionaba en sus etapas más tempranas casi cada uno de ellos. El replanteamiento de la venta de libros en pos de la inmediatez, obsesión previamente adquirida por el libro en papel, solucionaba también el dilema que trae consigo la distribución en países donde la extensión física presentaba un impedimento total al acercamiento de nuevos y posibles lectores con el libro. ¿Es mejor tener libros en todas partes al mismo tiempo que tener algunos libros a veces en ciertos sitios? Si. A pesar del sueño guajiro (léase ridículo para los ajenos a la
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            mexicaneidad
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           ) de que se deberían procurar más librerías por habitante en el mundo, la realidad es que ninguna tendencia de consumo avala la posibilidad de éxito de un proyecto de tal guajirez. Toda la industria de consumo se ha visto derrotada por la obsesiva expansión de espacios físicos a zonas rurales de difícil acceso, mantenimiento y administración. Así que por ahí el libro electrónico sonaba a una mejor idea porque, a final de cuentas, lo más simple casí siempre es lo más fácil aunque no se vea el horizonte curvo del planeta.
          &#xD;
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           Honestamente tenemos que reconocer que los detractores del libro digital provenían más del lado del negacionismo que del lado de la lógica. Pongamos que les sigue pareciendo más práctico moverse con 450 grs en la mano en un mundo donde la tendencia a usar un transporte público más conglomerado en lugar de cargar 75 grs que se podían guardar en la simplicidad del bolsillo. Eso si decretamos que el hecho de ya cargar esos 75 grs en el bolsillo para otros menesteres simplificaba aún más el tema de la portabilidad y la constante disminución de los tiempos de lectura en al vida diaria. ¿Era más fácil decirle a la gente: “saque usted el cacharro y lea” que pedirle que cumpliera el malabar del libro, la agarradera y la ley de Newton? Si, maldita sea si.
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           El libro electrónico nunca fue perfecto, hoy es más un adolescente de 1.80 que un adulto de 1.70 y eso conlleva torpeza, fragilidad y volubilidad. Pero siendo honestos de los tipos móviles a la impresión directa a placa nos pasamos unos cuantos cientos de años, el libro en papel tampoco fue perfecto en su nacimiento como formato. Aunque los dos son similares en la cuestión más primitiva: el libro (físico o digital) eran perfectos en su contenido. Y por ende, trabajó tanto el papel en perfeccionar su contenedor físico; es triste pensar que quizá jamás le permitimos al digital alcanzar esa belleza.
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           Siendo claros, es muy posible que los papeloplanistas estén mucho más interesados en ser vistos con un libro que en leerlo. Porque siempre ha sido mucho más erótica la soberbia de la lectura que la pasión por las letras y desde hace un rato que ser hipster y ser lector se parecen mucho más que ser lector y chica de oficina. Esto les pasa de largo porque necesitan que les pase de largo, consideran la gentrificación de la lectura un gesto espontáneo utilizando los mismos conceptos que uno que otro astrónomo renacentista. Hay más claridad en la relación hipster-lectura como resultado de la gentrificación de la cultura que en la relación niños-lectores por la manutención de la tradición impresa. El lector leerá, el consumidor de libros ¿quién sabe?.
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           Finalmente es importante hablar de la obsesión de la humanidad con la tradición. Ser terraplanista en el siglo XVI era mucho más cómodo que ser terraplanista en el siglo XXI. El negacionismo no nace de la lógica o el análisis abierto de los fenómenos, nace de la tentación de sentirse diferente por ir en contra los resultados concretos de una evolución técnica y humana. Considerar el cambio de formato en la palabra escrita un atentando a las costumbres, usos y fetiches del lector se parece mucho más al oscurantismo que al humanismo. Como hoy se defiende el papel para el libro se han defendido cosas terribles en el pasado, pero claro que esto al negacionista no le acomoda porque no va a andar diciendo por la vida que la tierra es plana, no vaya a ser que lo tiren de loco. Perdimos muchas cosas valiosas en la humanidad por abrazar una tradición que sentimos se transforma en identidad y ahora deberíamos temer seriamente que podemos perder el libro para salvar el papel, aunque esto tranquilice a tanto por ahí que sigue pensando que si no ve el horizonte es porque la tierra es plana. ¡Hágame usted el jodido favor!
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  &lt;div&gt;&#xD;
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            Publicado originalmente en 2018
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&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Thu, 25 Jan 2018 18:30:27 GMT</pubDate>
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      <title>Tinder nos hará libres</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
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           Dios mandó a su único hijo: Tinder
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           Dios salvó al mundo enviando a su único hijo, Tinder, a lavar los pecados de los hombres. Primero me gustaría confesar que yo fui adolescente antes de Internet, lo cuál automáticamente me vuelve un migrante digital. Partiendo de la existencia de las categorías y de la necesidad que sentimos por categorizarlo todo es necesario proponer algunos términos que serán necesarios para explicarme. En mi forma particular de percibir el mundo si existen los nativos digitales, también existen los migrantes digitales y por ende hay una franja aún considerable de ermitaños análogos. La división en mi cabeza es clara, por un lado los nativos digitales son aquellas personas que alcanzaron la adolescencia, y el subsecuente desarrollo de habilidades sociales, en un mundo completamente digital. Los migrantes digitales son aquellos que alcanzaron esas habilidades sociales en un mundo análogo pero aprendieron a desarrollarlas utilizando herramientas digitales y finalmente, tenemos a una generación completa de personas que alcanzaron el desencanto de la madurez antes de la proliferación de Internet y sus manifestaciones. Estos últimos son ermitaños análogos, personas que si bien pueden utilizar herramientas digitales encuentran estúpido sustituir interacciones análogas por sus variantes electrónicas y casi siempre se sienten muy incómodos en dichas instancias. 
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           De estos tres grupos, y probablemente porque es al que pertenezco, los migrantes digitales llevan una ventaja competitiva tanto emocional como laboral frente a los otros dos grupos. Amalgamar lo análogo con lo digital ha sido la obsesión del siglo XXI, en algunos casos esa obsesión ha generado tantos aciertos como errores que han afectado el estado geosocial del mundo moderno. Desde finales del siglo XXI hasta el día de hoy observamos una tendencia cada vez más aletargada por “mejorar” digitalmente nuestro entorno. Primero empezamos por las interacciones sociales, para seguir con las herramientas más necesarias para finalmente alcanzar la última tendencia que se manifiesta en digitalizar la vida cotidiana. Aquí el mundo se parte en dos, los nativos digitales exigen continuamente la digitalización de cada aspecto de su vida y los ermitaños análogos demandan que si ya funciona no lo toquen más. En medio los migrantes digitales explotan lo mejor de ambas partes. Sirven a la vez como traductores para los ermitaños y como catalizador para los nativos. Posiblemente tengamos que reconocer que los dos extremos cumplen una función importante para el desarrollo social y tecnológico de la especie, unos empujan sin piedad y los otros se atrincheran astutamente. Mientras los nativos cuestionan las rudimentarias formas y métodos de sus antecesores los antecesores constantemente le resguardan las intenciones más importantes que deberíamos preservar en el futuro. Por el centro los migrantes tratan siempre de sacar ventaja de ambos mundos.
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    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Es importante cuestionarnos hasta la última interacción social? Si, no solo es útil, es trascendente para alejarnos definitivamente de ciertas prácticas que hemos acarreado durante varios siglos y que parten en dos el mundo entre los que piensan que deben regir la vida de los otros y los que consideran que la vida privada es la cosa más sagrada sobre la faz de la tierra. Estas son sin duda dos de las tendencias sociales más importantes de los últimos 700 años. Desde el Renacimiento y hasta la Era Digital el mapa moral del mundo ha sido el centro de buena parte de las obsesiones de la filosofía transformada en narrativa. Porque si algo hay que reconocer en el mundo actual es que el ejercicio del pensamiento por la sola esperanza de pensárselo bien ha cedido su lugar a la narrativa y la parábola como método de proliferación de las ideas más locas y más recalcitrantes del espectro humano. Nadie quiere escuchar a una filosofa pensárselo, lo necesitamos digerido, dibujado, explicado y comparado para poder agregarlo a nuestra cartera de ideas. Si bien esto último es uno de los grandes cambios que trajo consigo la era Digital tampoco es para rasgarse las vestiduras. La forma que somete al fondo hasta la extinción es una pésima idea.
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           La primera cita que tuve “por internet” fue una de las experiencias más emocionantes y desconcertantes de mi vida. Yo, un chico de 17 años que le gustaba la fiesta, los juegos de rol, los libros y el fútbol terminé sentado con una chica de 19 que odiaba leer, le gustaba escuchar música todo el tiempo y se vestía como señora del siglo XIX. ¿Nos enamoramos? Por supuesto que no. Es más, posiblemente pasados 30 minutos los dos deseábamos con todo nuestro corazón que el café se viniera abajo y pudiéramos ponerle fin a ese sufrimiento infinito e insoportable que era la existencia del otro. El problema era que, y esto le parecerá novedoso a muchos nativos digitales, en 1997 todavía estaba mal visto ser un desagraciado grosero que se levanta de la mesa y se va. Algo en la educación previa nos obligaba a los dos a intentar establecer un vínculo de comunicación que fuera una extensión del vínculo digital que habíamos establecido sin tener que vernos la cara. Ella era muy guapa, yo no. Ella estaba muy triste, yo no. Ella quería gustarme, yo no. Pero más allá de esta condena al fracaso que flotaba entre los dos tuvimos una conversación larga y cordial sobre lo único que realmente nos interesaba, nosotros. El vínculo entre los dos fue digital, sin embargo lo que nos mantuvo ahí fueron las convenciones análogas de la conversación. Aún la recuerdo con mucha nostalgia y ganas de un día encontrarla y contarle que aquella tarde ella tenía mucha más razón que yo.
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           La diferencia fundamental que evita la concordancia entre estos tres segmentos de los que he hablado es la incapacidad que tenemos para acordar si el mundo digital es una herramienta, una opción o un lugar. Esta incapacidad natural para ponernos de acuerdo posiblemente estorban más de lo que ayuda, pero no me imagino el mundo del futuro sin alcanzar un sospechoso en común para definir esto que nos ocurre. El mismo mundo nos arrastra discutir de manera estéril si la existencia de estos tres conceptos por principio sirve de algo más que la oportunidad de sentirnos tranquilos por poder ubicarnos de manera más o menos correcta en una categoría social. Supongo que eso se lo debemos al marketing, antes había que usar pantalones para salir a la calle ahora hay que utilizar categorías para salir a la calle y tener mucho cuidado de no meterse al sitio equivocado so pena de ser enviado a patadas de regreso a su lugar. Obviamente las patadas son metafóricas dado que los sitios son ideas y por lo tanto en realidad ya a casi nadie le patean el trasero en el mundo moderno. Cosa que a los ermitaños les incomoda y a los nativos les horroriza.
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           Pero volviendo sobre nuestros pasos hay que pensar en Tinder. Posiblemente esta pequeña aplicación para buscar parejas ocasionales/perpetuas sea la manifestación más equilibrada con que contamos actualmente. Tinder se le puede explicar a todos. Tinder no requiere experiencia digital previa o habilidades sociales análogas para funcionar. Tinder fue, en un principio, la idea más simple y más obvia que podíamos tener. Nada más fácil que preguntarle a alguien “¿Te gustaría encontrar a alguien para hacer lo que quieres hacer y que esa persona quiera hacer lo mismo?” La respuesta es si. Siempre es si. Es como preguntarle a una persona si quiere respirar mientras le aprietas la nariz hasta que se pone morado. Uno siempre quiere encontrar a alguien, es la naturaleza humana. Hasta las personas más solitarias fantasean con la idea de conocer a alguien a quién puedan decirle por adelantado y en claro que solo esperan unas cuantas horas de interacción sin tener que soportar el riesgo de un escupitajo en la cara o un bofetón. Tinder era perfecto. Era porque obviamente en la transición esquizofrénica en la que vivimos es difícil que algo que hace una cosa bien se conforme con ser esa cosa, también porque la insatisfacción como deporte nos lleva a despreciar a la larga algo que nos emocionaba sólo por la posibilidad de ser el primero en despreciarla y ver como los demás te siguen. Tinder fue porque cualquier cosa que es tiende a dejarlo de serlo y eso está bien también.
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           Mi padre hubiera comprendido Tinder, mis sobrinos entienden Tinder, yo quiero creer que se usar Tinder, es un tema en común, un sospechoso que sirve para todos. ¿Por qué? Por que la idea de Tinder era satisfacer una necesidad básica sorteando el impedimento más grande al que se enfrentaba. Tinder resolvía un problema y eso siempre sirve. En unos meses una amiga muy querida se casará con el, ahora un querido amigo, chico que conoció en Tinder. Me emociona no porque mi amiga vaya a ser feliz, estadísticamente hablando seguramente su relación se romperá como se rompen casi todas, me emociona porque significa que aún no se ha innovado en la parte más necesaria, que aún lo que realmente importa está lejos de la intervención de la nueva era. Que extrañamente las verdaderas necesidades humanas están siendo ignoradas por la tecnología dejando un hueco enorme por resolver en el futuro inmediato. Donde los futurólogos ven un mundo transformado algunos vemos un mundo mejor, donde dicho optimismo cabe y no solo se nos permite hasta se nos aplaude. Este es el sitio que tomará el lugar de la realidad y eso no solo debe pasar, es necesario que garanticemos que pase. Cada uno, nativo, migrante, ermitaño, todos tenemos un papel que jugar en esta utópica manifestación donde al nacer te entreguen un Tinder por si ocupas.
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            Publicado originalmente en 2018
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      <pubDate>Sun, 14 Jan 2018 05:32:23 GMT</pubDate>
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      <title>Bob Zimmerman Esponja Dylan y el secreto de las Nobel burgers</title>
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      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Bob Dylan ganó el Nobel en 2016
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    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Bob Dylan ganó el premio Nobel de literatura 2016. En términos reales sólo significa que otro año más Thomas Pynchon fue ignorado por la academia sueca para darle el premio a otro que lo merecía menos. La primera frase es un hecho. La segunda sólo es un deseo ardiente que vive en mi corazón. Sin embargo, estas semanas ideas de ambos tipos se mezclaron en redes sociales a velocidades supersónicas y alimentadas por una pasión que es por demás lejana a la idea de leer. La vasta mayoría de las personas que opinaron sobre el premio a Robert Allen Zimmerman / Shabtai Zisi ben Avraham (parece que últimamente te dan pokemonedas por llamar a Bob por sus apelativos nominales) leyeron más veces la Wikipedia (de donde saqué los apelativos nominales de Bob) para descubrir que su apellido era Zimmerman que cualquier libro de poesía en los últimos 20 años.
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    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Defender a Dylan es idiota. Bob no necesita que nadie lo defienda o que abogue por su increíble aportación a las letras, se defiende sólo y viene haciéndolo muy bien desde hace 50 años. Bob Dylan es más famoso que Bob Esponja y eso quiere decir que no hay un Bob más famoso o más importante que él y para muchos ese es el problema. Le dieron el premio a la versión de Bob Esponja de la música “independiente”. El enojo de la gente del libro dice mucho más sobre la ausencia de lectores que sobre los viejitos blancos (creo que son blancos porque todo mundo lo repite en internet) de la academia. En realidad el Nobel es un premio imposible, al menos puedo imaginar un shortlist de 5 escritores que si ganaran el premio no podría quejarme. Los Pynchon, Roth, Oates, McCarthy, Piglia vienen a mi limitadísima capacidad para saber cuántos escritores trascendentes hay en el mundo vivos. Pero no puedo quejarme del Nobel a Dylan. Al menos no desde los hechos o los argumentos que la misma academia emitió para dárselo “for having created new poetic expressions within the great American song tradition”.
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    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Si bien Bob Esponja y Bob Dylan son muy famosos, casi cualquier persona sabe que los dos existen, Esponja es mucho más conocido si entendemos conocido como identificado con mayor facilidad por sus rasgos particulares. Una foto de Bob Esponja es miles de veces más reconocible que una foto de Dylan, también porque Dylan tiene cierto parecido con casi cualquier cantante de los 60 que se hubiera metido un montón de drogas. Alguna vez vi en una revista de rock una foto de un joven Keith Richards confundido con un joven Bob Dylan. La gente que sabe quién es Bob Dylan probablemente no ha escuchado ni el 10% de la obra de Bob Dylan y si bien los que conocen a Bob Esponja tampoco han visto más del 10% de los episodios del personaje es muy claro que ese porcentaje es más que suficiente para entender a Bob Esponja pero no nos acerca ni siquiera un poco a conocer la obra de Dylan.
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    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           La discografía de Bob Dylan contiene más de 400 canciones compuestas por él. La inmensa mayoría son anónimas para una buena parte de la gente que se jacta de saber quién es Bob. Como si la suerte de escuchar Blowin’ the wind o Like a Rolling Stone pudieran concentrar todas sus intenciones sobre una muestra pequeñísima de quién Dylan es. Ningún escritor que ha recibido el Nobel ha sido incuestionable o unánime porque ningún escritor puede ser incuestionable o unánime, en muchos casos ni siquiera puede considerarse que existan escritores cuya obra conserve una regularidad en calidad porque así no funciona la creación artística. Pero hay algo innegable en la aportación de Dylan a la poesía de los últimos 50 años. Hay más escritores que empezaron a escribir genuinamente inspirados por Bob que inspirados por Svetlana Aleksiévich y aunque pudiera parecer que esto no debería ser importante en términos de la calidad y profundidad de una obra literaria sí lo es. Sin Homeros, Cervantes o Shakespeares para inspirar a las generaciones venideras sería imposible que la literatura hubiera sobrevivido tanto tiempo. Dylan es un poeta, un poeta que eligió acompañar de música sus propias creaciones y que tuvo la suerte o desgracia de hacerse famoso y millonario, porque todos sabemos que ser famoso y millonario no coincide con la concepción de literatura que Rimbaud y Baudelaire nos heredaron. Como si el ahora super estrella Bob Dylan no hubiera transitado la desgracia y las penurias que acompañan naturalmente la idea de escritor moderno.
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      &lt;br/&gt;&#xD;
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    &lt;font&gt;&#xD;
      
           También tenemos que aceptar que probablemente la academia sueca está dispuesta a premiar primero a Bob Esponja que atreverse a darle el Nobel a algún novelista norteamericano. Es más, es muy posible que veamos a Murakami hacerse del Nobel antes que a un novelista norteamericano. Prefiero ver a Bob Esponja ganarlo primero, si me preguntan a mi. Pero lo que verdaderamente me consterna sobre los golpes de pecho ante la medalla al señor Dylan es la clara ignorancia sobre lo que la composición poética requiere, significa o transmite, me agobia lo poco ciertos que somos ante la posibilidad de que la literatura lleve años bajo un proceso de transformación que por ser transformación no puede aún considerarse si es bueno o malo. Quiero creer que a Fo le encantaría sentirse en compañía de Bob porque seguramente la poesía de Dylan lo hizo estremecerse alguna vez sentado en la Cerdeña. Es posible que el premio Nobel del 2016 sea una tabla de salvación para la poesía, para la importancia que tiene encontrar formas de expresar sentimientos o ideas a través de abstracciones literarias que permitan una conexión sensorial, intelectual, emocional y estética con aquellos que se ven expuestos a ella. Es esperanzador que una academia de hombres blancos premien a un hombre que ha luchado contra la noción de hombres individuales desde que lanzó el primer disco con su propio seudónimo como título. Esta esperanza no proviene ni de lo revolucionario o paradigmático que resulta la comprensión de la literatura fuera de la única convicción de la palabra escrita, en mi percepción proviene de otro lugar, de un lugar que se reconoce a si mismo como una bifurcación de senderos, sobre una multiplicidad de expresiones que pueden asentarse en la legitimidad que proviene de ser reconocido por una autoridad autoimpuesta por tus pares. Bob Dylan no tiene interés alguno en el premio Nobel, seguramente está sentado en un autobús ahora pensando que este es otro año en que no se lo dan a Pynchon y quiero creer que también lo encabrona. Existe una posibilidad también de que no se presente a recibirlo porque para él la importancia del galardón no sea significativa. Pero eso no importa, en 10 o 20 años alguien encontrará la lista de los ganadores seguido de un link para ver un capítulo de Bob Esponja en Youtube y si tenemos suerte elegirá a Dylan y quizá… sólo quizá después sacará una computadora y se pondrá a escribir versos sobre hombres y viento y piedras, pero sólo si tenemos mucha suerte.
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           Por eso y porque jamás me comería una puta KangreBurger larga vida a Bob Dylan pero ojalá no tan larga.
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            Originalmente publicado en Fondo de Bikini en 2017
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      &lt;/b&gt;&#xD;
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    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Thu, 23 Nov 2017 18:20:00 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Nunca me gustó Tierra Adentro</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/nunca-me-gustó-tierra-adentro-c19f9fe54ece</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No somos un país, somos una sensación
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Nunca+me+gusto-+Tierra+Adentro.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Este no es un país, es una sensación. No recuerdo donde lo escuché pero constantemente lo recuerdo. Últimamente siento que esa sensación es la de convulsión. La convulsión que produce dudar de todo, atacar a todo, insultar a todos, un poco el efecto Little Finger ( “
           &#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            He would see this country burn if he could be king of the ashes
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
      
           .” Varys ).
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Hace unas semanas se levantaron las hordas de la contracultura para anunciar, desde la suposición y la capacidad intrínseca de “atar cabos”, que Tierra Adentro desaparecía. Me gustaría aclarar que durante mis años de la desesperación (periodo que transcurrió entre que fui capaz de escribir un poema casi decente y logré ser publicado) jamás pensé en acudir a Tierra Adentro. Me parecía el hogar de una generación de escritores demasiado cómodos en la posibilidad del estado patrocinador y muy poco ocupados en escribir un legado. En mi defensa diré que aún lo pienso y que creo que Tierra Adentro es el resultado de un sistema estatizado de administración de la cultura, aunque pensarlo no sea en mi defensa realmente.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Años después publiqué en el blog de Tierra Adentro  un texto que me pidió Rodrigo Castillo para hablar del
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        &lt;a href="https://www.tierraadentro.cultura.gob.mx/la-caida-del-capitan-america/" target="_blank"&gt;&#xD;
          
             Deflategate
            &#xD;
        &lt;/a&gt;&#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           , ¿Por qué acepté? Primero porque me moría de ganas de escribir sobre una de mis pasiones, el futbol americano, segundo porque desde que Mónica Nepote, Rodrigo Castillo y Mauricio Salvador estuvieron a cargo del programa me sentí cómodo con la idea. Reconcilie la idea detrás de un esfuerzo con la capacidad del esfuerzo para convertirse en algo bueno. Mónica, Rodrigo y Mauricio son tres personas que admiro por distintas razones, algunas estéticas, otras empáticas pero principalmente porque la honestidad y pulcritud con la que lograron manejarse en una de las posiciones más sucias de la cultura estatizada superaba a veces su propio sentido de supervivencia.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Sobre ese periodo en Tierra Adentro se podía hablar de futilidad, alcance del programa, intenciones estéticas o literarias, incapacidad logística o el dolor de testículos que era cobrar una colaboración. Pero no se podía hablar de corrupción, favoritismos o malos manejos, Tierra Adentro se convirtió en un escaparate plural y profesional para los “jóvenes escritores mexicanos”. Tierra Adentro abarcó todos los temas posibles, se hizo de una visión (que se puede compartir o no) desde la cuál poner al alcance de la mano de todos los interesados un canal de exposición.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Siendo honesto nunca me gustó Tierra Adentro, podría rescatar algunos libros de gente que no soporto y repudiar algunos otros de gente que adoro. Pero esa pluralidad fue intencional y valiosa. Ahora resulta que vienen unos cuantos godos emocionales a prenderle fuego a este legado. Desde una trinchera tan corrupta y cuestionada como es el Círculo de Poesía, los enanos (porque eso son, enanos) que llevan años cuestionando la honestidad detrás del equipo de Mónica, honestidad que obviamente afectó sus intereses económicos y políticos, se levantaron desde la estupidez y la antorcha. Aunque en su defensa diré que nunca tuvieron mucho más para levantarse.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Pero eso no me incomoda, los Little Fingers del mundo son parte del ecosistema donde comparten lugar con las rémoras y los parásitos y específicamente estos parásitos (los
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            Bojojo
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           , los
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            Alísitos
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           , Los
           &#xD;
      &lt;i&gt;&#xD;
        
            enfants
           &#xD;
      &lt;/i&gt;&#xD;
      
           terribles de su sala en la Narvarte, los del juego de tronos de los 12 mil pesos) son una parte esencial para la vida cultural de un país. Son el lado oscuro de la fuerza, en pendejo, pero eso son. Lo que me incomoda es el extraño silencio, la pasividad con la que los defensores de las letras y derivados, se aproximan a a este tema. La incapacidad de tomar una postura y defender a esos que abrieron puertas, dejaron pasar y no se beneficiaron más allá del salario que corresponde un por una labor definida. ¿Por qué fingimos que esto no importa? ¿Por qué en la comodidad de la discreción somos capaces de diseccionar la corrupción alrededor del Círculo pero en público seguimos teniendo miedo a declarar una postura?
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Si no podemos defender a los honestos, ¿a quién chingados vamos a defender? Si dejamos que los corruptos se adueñen del discurso ¿eso no nos hace cómplices? Tan cómplices como ser jurado de un premio y dárselo a tu cuate, tan cómplices como buscar que el que no te beneficia no se beneficie, ¿tan cómplices como los que sabotean y golpetean al servicio de un interés, pendejo pero oscuro? Eso me preocupa. Supongo que por eso escribo esto, para sentir que no estoy abandonando a esos que hacen algo que no me gusta pero que lo hacen bien, que lo hacen alejados de la politika kultural mejicana, los que no se benefician y cumplen su labor en silencio.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Me gustaría ver a más de ustedes, de nosotros, levantarnos y defender a la gente que estuvo en Tierra Adentro haciendo las cosas bien. No por ellos, ellos no necesitan ser defendidos, su historial intachable los defiende bastante bien. Pero por nosotros, porque se supone que en esto creemos y que este es el mundo que queremos. Aunque parezca que en realidad estamos de lado de los reyes de las cenizas.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2017
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Thu, 12 Oct 2017 15:37:16 GMT</pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title>Game of Torrents</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/game-of-torrents</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h2&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           La piratería no existe
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h2&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Game+of+Thrones.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Esta nota está escrita desde la calma después de la tormenta. En temas tan personales como este es claro que uno debe esperar cierta distancia del objeto de la furia hasta poder presentarse a si mismo como una fuente narrativa alrededor de dicho objeto. Pero una cosa es clara, haber pagado HBO Go para ver la séptima temporada de Game of Thrones es probablemente el peor error que he cometido en mucho tiempo.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Durante muchos años Game of Thrones ha sido un referente en la industria de entretenimiento, en algunos otros de mis textos me he aproximado a la curiosa relación que mantiene el show de HBO con la distribución no remunerada de sus contenidos, en pocas palabras, como se relaciona la serie más exitosa de la cadena con los torrentes y servicios de streaming gratuitos. Pero durante todo este tiempo en mi cabeza siempre ha estado al misma pregunta ¿por qué HBO no permite que una mayor cantidad de usuarios paguen por ver Game of Thrones si necesidad de tener un intermediario (televisión por cable) de por medio? Imaginé decenas de escenarios posibles, estrategias de marketing detrás, visiones comprometidas con el verdadero futuro de los contenidos hasta que contraté HBO Go de manera directa a través de Apple. No lo permiten porque no pueden.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           ¿Por qué me atrevo a decir que Game of Thrones la serie más importante en la historia de una cadena que tiene en su catálogo The Sopranos, The Wire, Boardwalk Empire y Sex and the City entre otras? Simple, el inicio de la séptima temporada tuvo 16 millones de espectadores incluyendo HBO por cable, DVR y HBO Go. Este número es significativo si lo comparamos con el final de Lost que tuvo 13.5 millones de espectadores aún cuando esta serie, la más popular en su momento, se transmitía por servicio básico de cable (a diferencia de HBO que es servicio premium, es decir hay que pagar aún más por verlo) Aún así, si lo comparamos con The Sopranos (13.4 millones al inicio de su 4ta temporada) y Sex and the City (10.6 millones en su capítulo final) pareciera que los números de GoT no son tan relevantes, excepto por un pequeño detalle: se cree que 90 millones de espectadores vieron el inicio de la séptima temporada a través de servicios gratuitos que se consideran ilegales en muchos países.  Es decir, 16 millones pagaron por ver la serie contra 90 millones que no pagaron un centavo (al menos no para verlo en tiempo real).
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Conociendo los números alrededor de los torrents y streaming gratuito siento una cierta tendencia a pensar que estas cifras son conservadoras. Honestamente me da la sensación de que más de 100 millones de personas alrededor del mundo están viendo la serie en tiempo real o subsecuente inmediato (digamos personas que ven la serie en las próximas 24 horas después de su transmisión). Pero para fines de este objeto vamos a tomar estos números como punto de inicio y desde ahí trataré de explicarles porqué mi enojo lentamente se fue transformando en asombro y hoy en una reflexión. HBO conoce estos números, es posible que conozca con mayor detalle cuántos usuarios no le pagan por ver su contenido (recordemos que HBO no vende publicidad y por lo tanto vive exclusivamente de sus suscriptores y la distribución de su contenido en canales no premium de manera postergada) y que durante mucho tiempo no le importara. Es más, estoy casi seguro de que el día de hoy en HBO no hay la menor preocupación por el continuo crecimiento de descargas gratuitas de su contenido. Es claro que si HBO hubiera ofrecido un servicio como HBO Go antes y aún ahora hubiera ofrecido un servicio competente no hubiera convertido (trasladado usuarios de no pago a usuarios de pago) más del 5% de esos 90 millones. Aceptémoslo, hay millones de personas que no pagarían jamás por ver Game of Thrones principalmente porque pueden verlo sin necesidad de hacerlo. Si esto estuviera controlado al 100%, como supongo que ocurre en los sueños más húmedos de las asociaciones de protección de derechos de autor, no creo que HBO pudiera recuperar ni el 40% de esos 90 millones. ¿Por qué? Porque simplemente hay gente que preferiría no verlo que pagar por ello como la caída de los servicios P2P en la música nos enseñó. Hay gente que sólo consume cierto contenido si no tiene que pagar por el.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pero supongamos que ese 5% es recuperable. Entonces se entienden los esfuerzos de HBO por lanzar su servicio de streaming independiente HBO Go en países donde comúnmente no lo ofrecían, es decir cualquier país afuera de Estados Unidos y Canadá. Todo empezó en enero de 2016, HBO lanzó su servicio Go a través de OTT ( servicios independientes de transmisión de contenido) usando a las cableras como punto de venta. Obviamente lo contraté. A pesar del verdadero infierno que era autenticar y que HBO se negaba a permitir usar mi Xbox One para bajar la aplicación y ver el servicio ya estaba un poco harto de tener que usar torrents para descargarlo cada semana. No haré el cuento largo, unos meses después tuve que cambiar de tarjeta de crédito y por ende cambiarla en la plataforma de HBO Go y resultó imposible. Simplemente no existía una opción para hacerlo. Perdí mi cuenta del servicio y tuve que volver a los torrents. En junio de 2017 Dionne Bermúdez ( VP de distribución digital para HBO en LatAm) anunciaba que el servicio ya no requeriría a las cableras como intermediario y que se podría hacer el pago directo, una vez más contraté el servicio y me preparé para ver la séptima temporada de mi adicción en vivo y sin problemas. Todo empezó el día que se transmitió Dragonstone (primer capítulo de la temporada) el servicio simplemente no respondía. Claramente y conociendo un poco de plataformas era claro que la demanda había sobrepasado a la oferta y que HBO no movió un dedo para evitarlo. Al contrario, la falta de fallos en el servicio en Estados Unidos dejaba claro que el tiempo que le tomó a HBO para lanzar su servicio se debía a que estaban separando la estructura de la que usaban en el vecino del norte con, al menos una suposición, conocimiento de lo que podría ocurrir si había demasiada demanda. El suplicio duró hasta, al menos, el capítulo 6 de 7. Al día de hoy no he podido ver un solo capítulo en vivo sin interrupciones en una conexión a internet que soporta sin problemas otros servicios como Xbox Live, Netflix y Amazon Video. Era claro, HBO Go no se ofrecía fuera de EU y Canadá porque no tenían la capacidad tecnológica para hacerlo, por eso permitían las descargas gratuitas.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Pareciera que la prerrogativa en lo que a negocios se refiere es cobra todo lo que puedas, gana todo lo que puedas, crece todo lo que puedas. Lo que este tema deja al descubierto es que en realidad la parte importante de la idea anterior es la que dice “puedas” y esa es una lección que HBO tiene clara. Ofrecer un servicio de streaming fuera de la parte sajona de América del Norte fue un error. Sólo por poner un ejemplo, esperar a que el capítulo terminara y bajarlo en HD desde un torrent era más rápido, por aproximadamente 3-4 horas, que esperar  a que el servicio de Go se restableciera para los usuarios de pago. Lo único peor que no tener un cliente es tenerlo y hacerlo enojar, esa es una máxima que la gente que tomó la decisión de lanzar Go sin considerar las consecuencias demostró ser una mala decisión de negocios. El reposicionamiento de los servicios gratuitos para adquirir el contenido es una noticia nefasta para HBO porque ahora, además de conseguir usuarios de pago, tendrá que cargar con la noción de que no puede ofrecer un servicio de calidad generando un posible replanteamiento en la estrategia a corto plazo de la empresa.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Porque seamos sinceros, mientras Game of Thrones siga siendo la serie más popular no hay ningún problema, HBO seguirá encontrando personas dispuestas a pagar por el servicio. El verdadero reto inicia un día después del final de la próxima temporada cuando el servicio descubra que el invierno ya llegó.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2017
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
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      <pubDate>Fri, 25 Aug 2017 04:29:45 GMT</pubDate>
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      <g-custom:tags type="string">2017</g-custom:tags>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
      </media:content>
    </item>
    <item>
      <title>20 cosas que usted quería saber sobre el libro digital y nunca se atrevió a preguntar</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/20-cosas-que-usted-quería-saber-sobre-el-libro-digital-y-nunca-se-atrevió-a-preguntar-e8cfec7bb21c</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Lo importante es que lea, olvide y lea
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%284%29.jpg"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Lo primero es pensar en el libro. Objeto. Entretenimiento. Vehículo de información. Objeto.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Lo segundo es preguntarse si el libro en papel es distinto al libro electrónico.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Lo tercero es abrocharse el cinturón y analizar detenidamente los siguientes veinte puntos.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Por último, lo importante es que lea, olvide y lea.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           1. El concepto de que todo debe ser gratis se lo debemos a la televisión. La caja nos enseñó que si existe un contenido, noticia, concepto o entretenimiento debe ser nuestro por apropiación, no por consumo.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           2. El libro electrónico presenta soluciones a los problemas de los lectores pero no a los problemas de los grandes grupos editoriales.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           3. Por piratería debemos entender la industria criminal que se dedica a reproducir copias no autorizadas de un producto para obtener beneficios económicos.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           4. El libro electrónico es un formato digital. Los formatos no tienen la culpa de nada.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           5. Hace mucho tiempo que la industria editorial hace oídos sordos a las necesidades de sus consumidores.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           6. En cualquier sistema capitalista se reconoce que el consumidor obtendrá su producto de una u otra manera.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           7. Existe una brecha moral, ética y social entre los creadores de los contenidos y los distribuidores de los mismos.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           8. Nadie puede negar una relación directa entre la caída de los salarios y el aumento de consumo de copias ilegales de los productos.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           9. El libro electrónico permite alcanzar un mayor número de lectores a un menor costo. Por alguna razón la industria del libro está en contra de este concepto.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           10. Hace más de veinte años que el verdadero negocio de la industria editorial está en la administración de los derechos de autor y no en la producción de libros.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           11. El consumidor piensa en el creador como una especia de Rico McPato que nada en dinero mientras que él tiene que arreglárselas con unos cuantos dólares para poder hacerse de los productos que le interesan.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           12. ¿En qué momento se pensó que era una buena idea llamar a tus consumidores ladrones o piratas?
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           13. En una editorial gana más dinero un abogado que un editor.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           14. El lector quiere más libros y a mejores precios. Eso no es una sugerencia, es una orden.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           15. Los autores por fin pueden contemplar una opción distinta para hacer dinero con sus contenidos. Si tuvieran una buena relación con sus editores esta idea no les cruzaría por la cabeza.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           16. De cada libro que se vende el 10% es para el autor. El resto se utiliza para costos, inversión, promoción y para pagarle a una horda de zánganos que no ayudan en nada al producto final.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           17. Vender libros electrónicos es posible. Siempre y cuándo se respete al autor, al editor y al consumidor. Esta cadena de respeto lleva mucho tiempo rota.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           18. México ha renunciado a ser un país de lectores. A pesar de esto, la gente sigue leyendo sin ponerse a considerar a la crítica o a la industria.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           19. Actualmente nos corresponde hacer frente al cambio de formato, entre el físico y el digital, facilitar el tránsito del libro y reconciliarnos como universo alrededor del libro es una obligación que no podemos seguir posponiendo.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           20. Las reglas del juego funcionaron los últimos 100 años. No funcionarán más. Es momento de sentarse y pensar realmente en lo mejor para una industria que podría ver este cambio como un apocalipsis individual.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           ¿Ha leído usted?
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           ¿Ha pensado?
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;font&gt;&#xD;
      
           Va por buen camino.
          &#xD;
    &lt;/font&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;b&gt;&#xD;
        
            Publicado originalmente en 2017
           &#xD;
      &lt;/b&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;</content:encoded>
      <enclosure url="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%284%29.jpg" length="33473" type="image/jpeg" />
      <pubDate>Mon, 05 Jun 2017 15:23:46 GMT</pubDate>
      <guid>https://www.libroportatil.com/20-cosas-que-usted-quería-saber-sobre-el-libro-digital-y-nunca-se-atrevió-a-preguntar-e8cfec7bb21c</guid>
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        <media:description>thumbnail</media:description>
      </media:content>
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        <media:description>main image</media:description>
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    </item>
    <item>
      <title>Hemos dado con el iceberg y la puta orquesta sigue tocando</title>
      <link>https://www.libroportatil.com/hemos-dado-con-el-iceberg-y-la-puta-orquesta-sigue-tocando-abfd4f421e8</link>
      <description />
      <content:encoded>&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;h1&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hemos dado con el iceberg y la puta orquesta sigue tocando
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/h1&gt;&#xD;
  &lt;h3&gt;&#xD;
    &lt;br/&gt;&#xD;
  &lt;/h3&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div&gt;&#xD;
  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/Disen-o+sin+ti-tulo+%289%29.png"/&gt;&#xD;
&lt;/div&gt;&#xD;
&lt;div data-rss-type="text"&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;span&gt;&#xD;
  &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Es complicado hablar del futuro. Sobre todo si consideramos que para fines académicos y narrativos el futuro se ha convertido en los próximos 10 o 20 años nada más, como si de momento fuéramos capaces de advertir que todo lo que ocurrirá en un periodo insignificante para la historia se ha convertido en todo el horizonte que somos capaces de vislumbrar. Una ironía que para comprender el futuro tengamos que resumirlo a una especie de presente prolongado.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           En los últimos meses se ha declarado con una alegría inusitada y absurda la muerte del libro electrónico. Cientos de profesionales y no tan profesionales del libro se dan el gusto de corroborar que sus vaticinios eran correctos y que la transformación del libro ha fracasado a nivel comercial. Hace unos meses en plena Feria del Libro en Buenos Aires un editor, a las afueras de un bar bastante concurrido, me restregaba en la cara que el libro electrónico había fracasado y que aquella reunión que habíamos tenido años atrás y donde le expuse la importancia de migrar hacia los formatos digitales había sido una pérdida de su tiempo. Sonreí, sobre todo porque ante cualquier evento de este tipo a las afueras de un bar uno tiene que sonreír porque esa es la manera civilizada de evitarse una discusión estéril con un interlocutor eufórico.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Debo decir que lo primero que me sorprendió fue que aquel editor, cuya editorial ha logrado convertirse en un símbolo de la edición independiente, recordara con tanta rabia aquella reunión, mi primer acercamiento a la industria editorial argentina, donde me parecía y me sigue pareciendo que la única manera en que dicha industria podía sortear las privaciones de un mercado interno proteccionista era buscar la exportación digital de sus contenidos. Lo segundo es la alegría con la que celebraba la caída de lo que posiblemente fue la última esperanza del libro para sobrevivir al siglo XXI. Porque a final de cuentas podemos decir lo que nos dé la gana pero la realidad es que la industria del libro se está cayendo a pedazos por regiones, idiomas, géneros y por último por formatos.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           No hay una sola cifra positiva para el mercado del libro. Reporte tras reporte lo único que contemplamos es contracción, disminución, desempleo, baja en la calidad, en la producción y mucho más importante en la relevancia del libro ante otros medios de comunicación, educación y entretenimiento. Si el libro adoptaría o no un nuevo formato es un asunto de percepciones, pasiones e intenciones, las cifras de la industria son una realidad y temo decir que esa realidad parece irreversible. Si bien el libro es un pedazo de romanticismo inserto en una era pragmática, esto no le exime de jugar bajo las mismas reglas a las que se somete a cualquier producto. El libro sigue siendo un formato de contenido que compite por el consumo de un número finito de compradores que ven su día a día bombardeado por distintas variantes y formatos del mismo contenido. Si bien durante una buena parte del siglo XX el conocimiento y una buena parte del entretenimiento provenía del libro, hoy el nivel académico y cultural de una buena parte del mundo proviene de otras fuentes mucho más dinámicas e intuitivas. La pregunta más importante entre 1980 y 2010 para nuestra industria ha sido: ¿Por qué la gente no lee más libros?
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      &lt;br/&gt;&#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Primero porque la gente ya no necesita leer libros para acrecentar su nivel de conocimiento y su bagaje cultural. Las adaptaciones visuales, auditivas, interactivas y digitales del conocimiento y el entretenimiento han sufrido una serie de transformaciones que actualmente los posicionan por encima del libro como medios de consumo preferidos por la gente. Desde los audiolibros, pasando por el video y las narrativas digitales han absorbido lo mejor que tenía el libro y han procurado seguirle el paso al futuro entendiendo que los métodos de consumo se transforman a una velocidad cada vez mayor. En pocas palabras, todos cambian menos el libro y eso ha empezado a pasar factura.
          &#xD;
    &lt;/span&gt;&#xD;
  &lt;/div&gt;&#xD;
  &lt;div&gt;&#xD;
    &lt;span&gt;&#xD;
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           Hay algunos casos curiosos que vale la pena mencionar, todos los editores aceptamos el traslado natural de las enciclopedias a la red, casi todos asumimos que la llegada de los programas para editar eran una bendición, una buena parte de los editores también asumimos que los medios digitales serían una gran herramienta para promocionar libros; pero por alguna extraña razón cuando se trata de abandonar el papel hay una especie de descarga eléctrica que nos convierte en el Opus Dei de los formatos. ¿Por qué la gente no lee libros? Porque la gente ha decidido que cargar 700 grs de papel para consumir algo que podrían consumir enfrente del televisor o cualquier pantalla digital es estúpido y ¿saben?, tienen razón.
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           Pongamos un ejemplo extraño. Asumamos que un chico de 20 años decide, por azares del destino, dejar de fingir que conoce la historia de Moby Dick y tratar de acercarse a la fuente de la misma. Entre sus opciones están las siguientes: ponerse la adaptación de Mike Barker que está disponible en Netflix (90 millones de hogares tienen Netflix), bajarse de internet la peli de Orson Wells (50% de la población tiene acceso a internet), buscar el PDF de Moby Dick corriendo el riesgo de que sea pirata y por lo tanto esté mal editado, comprarse el ebook de Moby Dick o, finalmente, salir de su casa, transportarse a una librería o biblioteca, preguntarle al encargado o vendedor por el título, pagarlo, cargarlo de vuelta a casa y pasarse los próximos 3 meses (es obvio que a un chico de 20 años le tomará al menos ese tiempo leérselo) cargando en libro a todas partes y buscando ponerse a leer en los sitios que frecuenta. Siendo honestos, si el chico de 20 años logra tomar el último camino y lograrlo merece un premio, desafortunadamente nadie se lo dará y tarde o temprano se encontrará con alguien que ha seguido uno de los caminos anteriores y que a grandes rasgos tendrá la misma información que él y sólo le quedará un camino: vanagloriarse del trámite para defenderse del contenido.
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           La resistencia al cambio de la industria ha reducido la edición de libros al mero hecho de imprimirlos, distribuirlos y después destruirlos. Los editores, que debieron ver en el formato digital la liberación del yugo financiero de la impresión y la distribución, se ofendieron por este nuevo formato anárquico y ajeno a la maquetación y las decisiones superfluas, porque podemos decir lo que queramos sobre el papel y la tipografía pero en el fondo estas características están por debajo de la importancia del contenido y por lo tanto deben ser consideradas adyacentes no trascendentes. Cuándo el libro digital dio sus primeros pasos comerciales cometí el error de imaginarme ríos de editores embarcándose en la aventura de encontrar los mejores contenidos y editarlos de la mejor manera posible y después ponerlos inmediatamente a disposición de millones de personas sin tener que transitar por los vericuetos de la cadena de suministro que los había contenido durante tanto tiempo. En realidad parecía más bien que la renuncia a esta cadena de suministro desnudaba una realidad que nos dedicamos a ocultar durante muchos años, los editores han heredado su trabajo a los obreros del libro porque siempre está el mercado para repartir culpas y justificar bodegones llenos de títulos que nadie nunca leerá.
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           Es como si la industria se sostuviera en realidad por todos los mecanismos de impedir que existen alrededor del libro y este fuera únicamente una mercadería obsoleta en un mercado que se mueve a la velocidad de la luz. La realidad es que Moby Dick hace millones de dólares al año en muchos formatos que no se llaman libro. El contenido sigue llegando a la gente, sólo no lo hace más en papel. Porque el papel es complicado de manipular en una época donde la satisfacción inmediata ocupa el epicentro del consumo. La catástrofe es impredecible pero no inevitable, desde los fenómenos naturales pasando por los fenómenos culturales y hasta los fenómenos sociales durante miles de años la humanidad ha ido encontrando diversos mecanismos para sobrellevar las catástrofes, el primero de ellos es la transformación.
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           Me gusta pensar que lo mejor y lo peor que la humanidad ha encontrado es su capacidad para transformarlo todo. Un vidrio polarizado sólo es una herramienta que transforma la luz, un auto es una herramienta que transforma la movilidad, la comida procesa no es más que una transformación de una necesidad básica, ¿entonces por qué somos tan pedantes que pensamos que el libro no debe sufrir transformación alguna? Supongo que el problema proviene de la idea de especialización que nos hemos forjado. Hemos pasado tantos años fingiendo que hacer libros es una actividad compleja que pertenece a sólo unos cuantos iniciados y que estos iniciados deben ser protegidos de cualquier influencia externa que pueda evidenciar que hacer libros en realidad es una cosa bastante simple que puede hacerse compleja conforme se adquieran niveles de calidad y relevancia.
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           No nos queda más que recapitular nuestra realidad. Pero hagámoslo desde el único punto de vista posible para dicha recapitulación: hoy en día nadie quiere ser lector y los que quieren ser lectores preferirían hacerlo mediante una camiseta que a través de un hábito como la lectura de libros. Pero que quede claro, el rechazo hacia el libro no es hacia el contenido del mismo, como el ejemplo de Moby Dick existen miles que abarrotan salas de cine, por poner un ejemplo claro. El rechazo de los consumidores a convertirse en lectores es una declaración clara y contundente contra el formato actual en que el libro se les presenta. Bibliotecas y librerías pasan días en que asiste menos gente que en un mausoleo. Algunas librerías y bibliotecas han empezado a convertirse en museos a los que los turistas asisten para observar la muerte de un hábito vital para la transformación humana. Hay más aficionados a las librerías que aficionados al libro, más aficionados a las cafeterías que a las librerías, más enamorados del olor que de las bibliotecas. La realidad es que el número de lectores de libros no es estático, va en caída libre país por país y lengua por lengua, Hoy en día tenemos que acudir a otros tipos de comunicación escrita para justificar nuestra esperanza en que cambie la marea, algunos se han resignado a mantenerse ahí hasta que muera el último lector de libros, otros simplemente cierran los ojos y esperan que el estado los cargue hasta el siguiente siglo. La realidad es que es posible que el futuro nos pasó por encima hace mucho tiempo.
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           Existe una posibilidad real de que la llegada del libro digital ocurriera años después de la posible salvación del libro. Este tipo de cosas, los llamados cisnes negros, son impredecibles. Lo que si me parece una realidad es que al negarle al libro la posibilidad de transformarse probablemente lo hemos condenado a la desaparición. Porque a pesar de que insistamos en observar el presente prolongado como el futuro ineludible lo único cierto es que no hay nada que nos indique que existe la posibilidad de un siglo XXII con los libros como epicentro del conocimiento y el entretenimiento, vamos pues que ni siquiera podemos hablar de un siglo XXI con estas características. Vemos al enfermo desangrarse lenta e ineludiblemente y pareciera que no nos identificamos con los médicos del medievo que observaron a millones de personas ser sometidas por las infecciones y enfermedades que hoy parecen tontas por la existencia de los antibióticos. Pareciera que pasar tanto tiempo entre libros nos impidiera leernos algunos que hicieran más que evidente la situación actual por la que estamos pasando. Ironía en su dosis más pura.
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           La realidad es que construimos el bote más grande de la historia y juramos que no se podía hundir. También es posible que bebiéramos de más aquella noche en que pegamos con el iceberg, sumado a una orquesta que sigue tocando por instrucciones de un capitán lejanísimo y casi invisible pareciera que esta fiesta para celebrar la muerte del libro electrónico en realidad sólo sea los últimos minutos que podemos pasar entre copas y luces antes de descubrir que no hay suficientes botes salvavidas y que el barco más próximo está a demasiadas horas de distancia. En estos casos creo que lo mejor es no interrumpir la fiesta, no gritar que nos estamos hundiendo y que no hay nada que podamos hacer, así que aquí está también mi copa en todo lo alto, brindemos porque es lo último que nos queda por hacer.
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            Publicado originalmente en 2017
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      <pubDate>Tue, 16 May 2017 06:52:47 GMT</pubDate>
      <author>manuel@venadoazul.marketing (Manuel  Davila)</author>
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      <title>No es porno, idiota</title>
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           En este blog estamos a favor del porno ético y limpio
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  &lt;img src="https://irp.cdn-website.com/73e8932a/dms3rep/multi/No+es+Porno+idiota.jpg"/&gt;&#xD;
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           Si tenemos que definir la palabra más importante de la primera década del siglo XXI esta tendría que ser: patentes. Las patentes, el conjunto de derechos exclusivos concedidos por un estado a un inventor sobre la comercialización de su invención,  son el fundamento de las economías más importantes del mundo. Son de hecho las patentes el verdadero divisor del primer y el tercer mundo, lo sé porque escribo esto desde el tercer mundo y a mi alrededor no hay nada que no esté patentado por una empresa surgida en el primero. Cigarrillos, encendedor de gasolina, bicicleta de velocidades, vaso de café, mochila, cenicero, mesas, sillas, ordenador, smartwatch, smartphone, absolutamente todo esto tiene una patente y esa patente no se registró en mi país. 
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           Las patentes fundaron países, hasta que los países les quedaron pequeños a los dueños de las patentes y entonces empezaron a fundar imperios. Si hacemos una excepción con China, porque siempre hay que hacer excepciones con China porque son muchos chinos y sólo ellos podrían poblar un planeta, las empresas más relevantes del mundo tienen una sola cosa en común: patentes. Lego, Google, Apple, BMW, Roche, Hewlett Packard, forman una lista diversa en el objeto final de su negocio pero mantienen la estirpe de las patentes como su fortaleza más grande. Cuándo Google compró a Motorola no estaba comprando un fabricante de hardware, estaba comprando un portafolio de patentes que le permitiera dirimir sus diferencias legales con Apple.
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           Durante años la guerra de patentes fue ignorada por los analistas económicos, centrados en las viejas bases del comercio donde el que tuviera el producto mejor distribuido y la fuerza de ventas mejor capacitada, se ignoró la importancia del derecho a fabricar, construir, crear nuevos productos que no infringieran el derecho de alguien más. Durante años las empresas más relevantes se dedicaron a comprar, vender, adquirir, desaparecer, ignorar, guardar patentes que les permitirían en el futuro no tan lejano convertirse en verdaderos gigantes corporativos. Apple, Google y Microsoft tienen años peleando en las cortes el derecho de uno u otro a usar tecnología patentada. Ante cualquier duda escriba patente, Google, Apple en su computadora Apple que usará el buscador de Google y vea la cantidad de resultados sobre dichas demandas.
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           Actualmente el intercambio de pagos sobre patentes entre las empresas de software y hardware en el mundo supera en algunos casos la venta directa de sus propios productos en una buena parte de las empresas dueñas de dichas patentes. Sobran los estudios sobre el problema ético del uso y compra de patentes en el mundo, pero esto es porque sobran los estudios sobre la ética en cualquier cosa que tenga que ver con este nuevo imperio llamado “Corporativismo”.
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    &lt;span&gt;&#xD;
      
           Hoy en día la palabra “pendiente de patente” aparece en miles de productos que salen al mercado. Esto no se debe a la inexperiencia de los departamentos legales de estas empresas, al contrario, están pendientes porque sus solicitudes necesitan ser analizadas cuidadosamente por los que otorgan las patentes para evitar que ideas tan básicas como “juguete para perro” queden patentadas por un particular generando que cualquiera que use un palo para jugar con su perro en el parque se vea demandado en un futuro inmediato. El sistema de patentes en el mundo se ha convertido en el Beirut de las corporaciones, demandas, contrademandas, solicitudes, suspensiones, todo tipo de acciones legales giran alrededor de este universo. En pocas palabras, hay abogados porque siempre habrá demandas.
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           Pero las patentes vencen y cuando una patente vence esa tecnología puede ser usada libremente sin tener que negociar con el dueño de la patente. Es importante aclarar aquí que la parte fundamental de este sistema no es pagar por la patente que vas a utilizar, en realidad se trata de exclusión financiera donde el dueño de un derecho le pone un precio inaccesible a su derecho para que nadie pueda usarlo. Esto se llama exclusividad y la exclusividad es posiblemente la piedra angular de los imperios corporativos. Hace un par de años se inicio una de las guerras de patentes más importantes para la vida ordinaria de la clase media en el mundo. La patente para las cápsulas de café venció y el imperio de Nestlé en ese mercado empezó a tambalearse. Súbitamente toda cafetera que trabaje con cápsulas se convirtió en una herramienta pública dejando de lado la relación monógama que antes mantenía con su fabricante. ¿En otras palabras?  El consumidor podía elegir el insumo basado en su calidad y no en una relación comercialmente limitada por el dueño de la patente de las cápsulas. ¡Eureka, tierra a la vista!
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           Si bien antes existían cafeteras para cápsulas de X, con cápsulas fabricadas por X, rellenas del café exclusivo de X, súbitamente el vencimiento de la patente generó la creación de la industria de las cafeteras de cápsulas, de los fabricantes de cápsulas y, en algunos casos, los cosechadores de café también pueden entrar al negocio de estas maquinitas. No hay que olvidar que X ganó miles de millones de dólares durante años gracias a su patente. No hay que olvidar que sin esos miles de millones como incentivo probablemente no tendríamos la mitad de los desarrollos tecnológicos que hay hoy en día. Pero lo más importante que no podemos olvidar es que la exclusividad monopoliza la economía y desincentiva la aceleración tecnológica.
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           La guerra de las cápsulas de café parece no ser importante para la gran visión del mundo así que saltemos a un tema más al alcance de la mano. En 2002 y ante el auge de la alta definición en los contenidos audiovisuales, Sony lanzó al mercado el Bluray. Casi al mismo tiempo Toshiba decidió lanzar el HD-DVD. En realidad ambos formatos físicos cubren la misma necesidad, pero el formato ganador de esta batalla traería miles de millones de dólares a la empresa que lograra imponerse. No era esta la primera batalla por el formato de audiovisuales caseros, años antes se enfrentaron Betamax y VHS por el reino de las películas para ver en casa.
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           La batalla entre Bluray y HD-DVD fue la primera transmitida en tiempo real gracias a internet, durante meses se discutió en foros y chats sobre la posible victoria de uno y de otro, en realidad era un partido de futbol que fue jugado en la mente de los aficionados. Con las baterías de las consolas de videojuegos, Playstation con el Bluray y Xbox con el HD-DVD, puestas a disposición de la discusión se lanzaron argumentos a favor y en contra de cada uno de los formatos. Ingenuamente los interesados pensaron que tenían alguna influencia en la decisión final, pensaron que si esa discusión se hubiera tenido en los 80’s habrían podido salvar a Betamax  o acelerar el imperio de VHS. Estaban equivocados, las batallas por los formatos de consumo de audiovisuales se libraba en bodegones en Los Ángeles donde el jugador más importante mantiene un imperio en la oscuridad y la legalidad: el porno.
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           El mayor consumo de formatos físicos para audiovisuales no estaba en manos de Hollywood o de las consolas de videojuegos, en realidad el rey de estos formatos es la industria del Porno que aún no veía en el internet a su peor enemigo. A diferencia de lo que se pueda contar en algunos medios, la batalla no se ganó cuando Playstation instituyó el Bluray o cuando los estudios más importantes de Hollywood lo adoptaron, la batalla se decidió cuando la industria del porno decidió tomar este formato y hacerlo un estándar en su distribución. Es extraño pensarlo, pero si se le suma que el 30% aproximado del tráfico en internet va a parar a sitios de porno gratuito se ve la conexión más clara entre la importancia del contenido y el formato.
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           Las patentes generan exclusividad, la exclusividad se interpreta a través de formatos y los formatos son un enorme dolor glandular en los usuarios porque cifran la batalla en los impedimentos y no en la calidad del producto que se desea consumir. Hay cientos de batallas de este tipo ocurriendo a nuestro alrededor todo el tiempo: flash vs html5, mp3 vs acc, Windows vs Linux y así hasta el cansancio. Tras la era de las herramientas (Siglo XX) llegó la era de los contenidos (Siglo XXI). En un mundo ideal se podría escuchar una canción de iTunes en cualquier reproductor de música, se podría jugar un juego de la Xbox o de la Play en cualquiera de las dos consolas, HD-DVD y Bluray hubieran tenido que ser compatibles, gasolina o diesel sería una elección del usuario pero la realidad es que en este mundo corporativo el valor está en exprimir la exclusividad hasta el hartazgo y después enterrar la innovación cuando por fin está en manos del usuario. Lo más curioso de esta situación es que su principal afectado es al mismo tiempo la única fuente de ingresos de esta situación.  Si la gente hubiera decidido no comprar teléfonos celulares a ninguna compañía que los vendiera bloqueados para usarse con un competidor esa política hubiera cambiado inmediatamente.  Tomemos el iPhone como ejemplo, Apple entendió rápidamente que para traer usuarios a su verdadera base financiera, la venta de contenido, tenía que permitirle a los usuarios cambiar de operador telefónico a su placer. Por eso los iPhones están en las tiendas de Apple, no es un asunto de márgenes en retail, es una declaración de principios desde Cupertino para aclararle a las grandes compañías de comunicación que su tiempo ha pasado.
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           Desafortunadamente la industria del libro no sabía nada de esto, el libro es tan viejo que no había ninguna patente trascendente sobre su fabricación, edición o distribución y cuando el cambio de formatos llegó nadie supo qué había que proteger. La verdadera incomodidad del mundo del libro electrónico no proviene del intercambio de formatos, las editoriales no tienen ningún interés entre el formato físico y digital o al menos no debería tenerlo. Lo que realmente genera disgusto en la industria editorial es que los formatos digitales no le pertenecen y que al no tener injerencia alguna en ellos se desequilibra la balanza.
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           Amazon no lanzó el Kindle buscando dominar el mercado de dispositivos, el negocio del hardware por si mismo no le sirve a nadie, si hay dudas sobre esto sólo hay que mirar al Reader de Sony que tecnológicamente era superior pero cometía el mismo error que Sony lleva años cometiendo, no comprometía el contenido al dispositivo. Amazon lanzó una herramienta para justificar la existencia de su formato, la costeo y la vendió con márgenes ridículos para garantizar la relación entre su formato y su dispositivo. El Kindle no es un eReader, el Kindle es un contrato entre el lector y Amazon que garantiza el negocio de la transnacional al coste de la experiencia del usuario. Aquí vale la pena hacer un paréntesis, hay que reconocer que Amazon se tomó la molestia de generar un gran contrato, el mejor contrato posible si se está en la búsqueda de este tipo de relación.
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           Amazon no “pierde dinero” con cada Kindle. Amazon apuesta a que el contrato entre el usuario y su empresa será duradero y que a la larga compensará el margen que no obtienen del hardware que representa dicho contrato. Las editoriales, algunas antes y otras después,  súbitamente descubrieron que ese contrato originalmente era suyo y que aunque no se sustentaba en la exclusividad garantizaba que la infraestructura que habían creado en sus empresas les aseguraba mantenerse en el juego a largo plazo. Mientras hubiera papel el campo de juego era la inversión, el que tenía más dinero podía asegurarse la mayor parte del mercado. Si el papel no el contrato queda invalidado y el campo de juego se convierte en otra cosa, un poco más compleja, pero en realidad mucho menos amigable a la participación de distintos jugadores.
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           La batalla del cambio de paradigma del libro no es una que tenga que ver con el papel o digital. Es una batalla por la patria potestad del contrato con el consumidor. Es una batalla por la supervivencia de enormes compañías que desarrollaron una infraestructura que súbitamente parecía intrascendente, para algunos como yo aún lo parece. La oposición de los grupos editoriales a la transformación de los formatos no proviene del romanticismo, experiencia, o inteligencia de negocios, en realidad hacer libros electrónicos no representa ningún problema para los grandes grupos. Lo que estos editores se niegan a ver suceder es que su negocio caiga en otras manos y que en un futuro no tan lejano terminen ganando mucho menos dinero del que sus dueños, inversionistas, accionistas o demás exijan de ellos.  En pocas palabras, los dueños de las inmobiliarias se niegan a ser reducidos a simples albañiles.
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           Los fanáticos de la autoedición, nuevo evangelio que pasa de prohibido a recurrido,  enarbolan la bandera de la democratización de la cultura. Con las nuevas reglas de juego parece que los verdaderos beneficiados serán los autores no publicados que no tendrán que recurrir más a las “malignas” editoriales que se niegan a reconocer su talento. Recuerdo que alguna vez un jugador de ajedrez me dijo: “el secreto del ajedrez es lograr que los peones se sientan alfiles”. Estos evangelistas normalmente provienen de la misma industria editorial y aunque sienten haber brincado al barco de los innovadores no se percatan que en realidad están haciendo el trabajo más sucio de todos los que existen hoy en día, son los conejillos de indias de este nuevo contrato entre lectores y libros. Primero y antes que nada hay que recordar que ninguno de estos evangelistas inventó la idea de la autoedición, esta existe desde hace mucho tiempo y en su momento se vio impedida por la existencia del contrato previo en manos de las editoriales. Podías autoeditarte, podías hasta distribuir, en algunos momentos hasta podrías encontrar el reconocimiento y la audiencia con ellos, pero al final si hacías todo ese trabajo una editorial constituida terminaba absorbiéndote o destruyéndote. ¿Les suena conocido? El eco es la representación auditiva de un sonido que hace mucho tiempo ya no está ahí.
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           Así como vender iPhones desbloqueados no fue un movimiento ingenuo por parte de Apple, abrir la autoedición digital no es una democratización de Amazon. Es una cláusula más en el contrato y esa cláusula busca mandar un mensaje muy claro a los grupos editoriales: ya no son necesarios. Podríamos discutir números de ventas, participación de mercado y otros instrumentos del siglo pasado para medir la relevancia de un fenómeno como KDP y sus múltiples clones, pero la realidad es que Amazon una vez más no está pensando en esos términos, Amazon piensa en que ese contrato necesita fortalecerse y que KDP es una cláusula que los beneficia y a la vez debilita a su competencia.  El gran panorama de estas empresas no incluye la venta de productos, para ellos la venta de estos productos es la manera ideal para disfrazar el control que a largo plazo pueden mantener sobre el consumo. Porque el consumo es el gran juego.
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           Uno de los futuros del libro, no porque parezca ser el más viable se puede desechar la idea de que es solo uno de los, no incluye eReaders o editoriales, no incluye librerías o autores que vendan millones de copias. Este futuro sólo incluye una relación estable y duradera con el comprador de libros, con su información y sus hábitos, con sus preferencias y opiniones. ¿Cuántas cláusulas más se agregarán a ese contrato? ¿Quién será finalmente el dueño de ese contrato? Son preguntas que se irán resolviendo a la larga, tan larga como el brazo de los antiguos dueños del contrato alcance a $er. Pero el verdadero cambio de paradigma en el libro ya ocurrió, es pasado escrito y sería mejor procurar dedicarnos a entenderlo, porque si no lo entendemos no podremos formar parte de él y lo dejaremos en manos de otros que no tienen ningún interés en la supervivencia del libro como vehículo de información y/o entretenimiento. Porque quedaremos fuera del contrato y posiblemente no podamos conservar nuestro trabajo ni como albañiles. Hay una posibilidad real de que la industria actual del libro no tenga más injerencia en el libro futuro que ser el cargador de piedras que le permite otro albañil construir para esas inmobiliarias que cobrarán millones por las propiedades finales.
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           Ya cometimos el gran error y pensar que aún existe una batalla por la decisión final en este paradigma es engañarse hasta el punto del absurdo. Pensar que la discusión se centra en los formatos o en la supervivencia del libro como objeto físico es permitir que los dueños de las nuevas patentes nos expulsen lenta y dolorosamente, porque así conviene a sus intereses, de nuestro propio hogar. Cualquiera que piense que el escritor X no puede prescindir de su jugoso contrato con Y editorial está invirtiendo en Betamax en el 2016. Así también cualquiera que piense que la autoedición es un bastión de resistencia contra el cambio de paradigma es un albañil con oficina. Porque la guerra de formatos se decide en otros bodegones, porque nuestra relevancia se extingue todos los días, porque es un problema general de la industria del libro. En fin, porque no es porno, idiota. 
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            *** Este texto se publicó en el
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        &lt;a href="https://www.tramaeditorial.es/libro/texturas-30/" target="_blank"&gt;&#xD;
          
             número 30 de la revista Texturas
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      <pubDate>Fri, 31 Mar 2017 05:41:28 GMT</pubDate>
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